Calaveritas literarias para todos

Escribe el nombre y un par de detalles, y la Catrina hará el resto: una calaverita única con rima y octosílabos, lista para dedicar, imprimir o compartir por WhatsApp.

Ideas rápidas

Calaveritas para empezar

Una muestra del archivo: cortas, chistosas, escolares y de las otras. Cópialas tal cual o úsalas de inspiración.

La maestra Rosario

La maestra doña Rosario calificaba con esmero; llegó la flaca al calvario y la guardó en su tintero. Sus alumnos, muy formales, lloraron sin un consuelo; la Catrina, entre rosales, les dio clase desde el cielo.

El que siempre va en camino

Andrés dijo: "Ya voy saliendo", cuando apenas se bañaba; la Catrina, sonriendo, en la sala lo esperaba. Pasó una hora completa, luego dos y hasta las tres; la calaca, ya inquieta, lo cargó por ambos pies. Hoy Andrés, en el panteón, repite la misma historia: "Ya merito, corazón", y se pierde en la memoria.

La tarea pendiente

Lupita, muy despistada, olvidó hacer la tarea; llegó la flaca a su almohada y le dijo: -Ven, pasea.- -Espérame -contestó-, que aún me falta la lección. La Catrina se sentó y le hizo la división. Terminaron el trabajo con diez puntos de primor; se fueron las dos abajo y sacaron diez de honor.

La maestra Remedios

La maestra Remedios Prado repartía gis mojado; al cerrar el pizarrón tocó un hueso su portón. -Ya me llevo a la maestra -dijo la calaca diestra-, que allá arriba, y no es pecado, no hay quien dicte ni un dictado. -Deja al menos que despida a mi clase consentida. Y les dijo, sin llorar: -Hay tarea que entregar. Se marchó con la huesuda platicando de la duda, y allá arriba, dicen ellos, ya hay tareas con sus sellos.

El pretendiente puntual

Andaba Luis enamorado de la hermosa Leticia; le llevaba, muy peinado, serenata y sin malicia. La Catrina lo miró desde el poste de la esquina; -Ese amor -se relamió- sabe a canción y a neblina. Se llevó al enamorado en mitad de la canción, y hoy le canta, muy callado, a la muerte su pasión. Leticia, que era muy lista, puso vela y puso son: -Vuelve, Luis, aunque de vista, que aquí queda tu balcón.

La ofrenda de doña Meche

Doña Meche puso altar con tres niveles de flor; vino la Muerte a probar el mole de su sabor. Se comió los tejocotes, el tamal y el chocolate; se guardó hasta los camotes para el próximo combate. Doña Meche, muy tranquila, le sirvió otro platón: -Come, flaca, en esta fila hay lugar y hay perdón.- La Catrina, conmovida, le dejó cien años más; y en la ofrenda, de salida, puso un cirio de la paz.

Los guisos de mi mamá

Mi mamá, doña Carmela, tiene mano de canela: hace mole y hace arroz que devoran a una voz. Vino la flaca un domingo con su lista y su respingo; al oler aquel guisado se sentó y pidió un bocado. Le sirvió mi madrecita dos platitos de guisado; la huesuda, tan bendita, repitió el plato adorado. Se marchó con la barriga más pesada que un costal, y prometió, como amiga, no volver ni por casual.

María y la tarea

En la escuela, muy formal, María sacaba diez; llegó la flaca puntual y se sentó a sus pies. -Vengo por ti, estudiosa, súbete a mi bicicleta. -Espérate, poca cosa, que no acabo la libreta. La muerte, que es muy pareja, la esperó sin regañar, y hoy la calaca, ya vieja, aprendió a multiplicar.

Por estilo

Para la escuela

Para la familia

Por oficio

Por tema

Pedir calaverita

La otra mitad de la tradición: salir la noche del 1 y el 2 de noviembre a cantar por un dulce.

Cómo se escriben

De dónde vienen, cómo se cuentan los octosílabos y con qué rimar cuando te quedas atorado a media estrofa.

Con nombres