Calaveritas literarias escolares

Las calaveritas literarias escolares son una de las formas más queridas de celebrar el Día de Muertos en el salón de clases: la tarea, el recreo, los exámenes y el pizarrón se vuelven escenario para que la Catrina haga de las suyas. Aquí encontrarás varios versos originales, con rima y humor blanco, listos para leer en voz alta o copiar en el cuaderno. Todos están escritos con lenguaje apto para niñas y niños de cualquier grado.

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La tarea pendiente

Lupita, muy despistada, olvidó hacer la tarea; llegó la flaca a su almohada y le dijo: -Ven, pasea.- -Espérame -contestó-, que aún me falta la lección. La Catrina se sentó y le hizo la división. Terminaron el trabajo con diez puntos de primor; se fueron las dos abajo y sacaron diez de honor.

Recreo eterno

Sonó el timbre del recreo, salió corriendo Joaquín, y en la cancha, ¡qué jaleo!, la huesuda hizo un festín. Jugaron a la pelota la Muerte con don Joaquín; metió gol la muy devota y se lo llevó al confín. Dicen que en el más allá hay recreo sin final, y Joaquín, feliz, está de portero titular.

El pizarrón encantado

Escribió en el pizarrón la maestrita doña Inés, y brotó de aquel borrón una calaca al revés. -Yo vengo por usted, maestra, que enseña con mucho amor; y con su mano tan diestra borró el examen mayor. Los alumnos, de rodillas, suplicaron sin parar, y la flaca, sin cosquillas, les dejó más que estudiar.

El examen final

Andaba Pedro Zamora repasando a toda hora, cuando entró por la ventana la Catrina mexicana. -Deja el libro y ven conmigo, yo te aplico un buen castigo: cien preguntas de civismo y un poema del abismo.- Pedro respondió tan bien que la Muerte dijo: -Ten tu boleta con honores; vuelve al aula con tus flores.-

La mochila pesada

Traía Sofi Cortés su mochila del revés, tan pesada de cuadernos que llegaba a los infiernos. La huesuda, muy servicial, se ofreció a cargar el mal: -Yo te ayudo, jovencita, pero vienes de visita.- Cargó todo con esmero y le dijo con salero: -Yo te espero en mi ofrenda con tu pan y tu merienda.-

La directora puntual

Doña Carmen, directora, muy puntual como ninguna, vio llegar a una señora con sombrero y con fortuna. -Vengo a firmar la salida de esta escuela tan querida; usted lleva tantos años cuidando ajenos rebaños.- Se marcharon del plantel con su lista y su papel, y hoy la escuela, en su honor, lleva su nombre y su amor.

La escoba de don Ramón

Con su escoba, don Ramón barría todo el salón, cuando halló bajo una silla una calaca amarilla. -Don Ramón, deje el deber, tengo un patio que barrer en la casa del misterio, junto al mero cementerio.- Se fue don Ramón contento con su cubeta de viento; y su escoba, cada día, sigue barriendo alegría.

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