Calaveritas para Recursos Humanos
En Recursos Humanos todo pasa por un formato: la entrevista, el examen, la evaluación y el kit de bienvenida. Estas calaveritas están dedicadas a quienes contratan, evalúan y también organizan la posada. Aquí hasta la Catrina tiene que llenar su solicitud.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
La entrevista
Llegó la flaca a la cita
con su hoja de vida escrita,
traje negro, buena facha,
y una sonrisa sin tacha.
La de Recursos Humanos
le pidió papeles sanos:
-Necesito su acta nueva,
su cartilla y una prueba.
-Tengo siglos de experiencia,
dijo con mucha paciencia,
-nunca falto a mi jornada
y no pido nada, nada.
Ella apuntó con esmero
y le dijo, muy ligero:
-Le llamamos la semana.
Y la muerte espera, ufana.
El psicométrico
Le pusieron una prueba
en la sala doce nueva,
cien preguntas de colores
con dibujos, sin errores.
-Dibuje un árbol y un río,
y una casa con rocío.
Y la calaca dibujó
un panteón y lo entregó.
La psicóloga del piso
revisó con mucho aviso:
-Es perfil de liderazgo,
solo falta algo de trazo.
La contrataron de un tiro
sin pedirle ni un suspiro;
y hoy la flaca, muy formal,
filtra todo el personal.
La evaluación
Ya llegó la evaluación
con su tabla y su renglón,
cinco puntos por llegar,
diez por no vacacionar.
A la muerte le tocaba
la revisión que esperaba:
-Cumple todas sus faenas
y trabaja hasta en las cenas,
pero falla en el trabajo
en equipo, dijo abajo.
Y la calaca, indignada,
pidió junta reservada.
Le subieron el puntaje,
le bajaron el coraje,
y en aumento le pusieron
dos velitas que le dieron.
El kit de bienvenida
Le entregaron su paquete
con la taza y el gafete,
una pluma, una libreta,
y una playera coqueta.
La flaca llegó de nueva
y aceptó toda la prueba;
se probó la sudadera
y salió a la cafetera.
Le encantó su taza blanca
y la puso en una banca;
y el gafete se colgó
y en la entrada lo chocó.
Ya no quiere regresar
porque le dan de almorzar;
tiene vales y aguinaldo,
y hasta un jefe de respaldo.
La carta de recomendación
La calaca quiere empleo
en un puesto menos feo,
y pidió su carta buena
con la firma y con la pena.
El jefe se la escribió
y de todo la alabó:
-Es puntual como ninguna,
no ha faltado vez alguna.
Pero abajo, en letra chica,
puso el hombre y lo publica:
-No la manden por encargo,
que regresa con recargo.
Con su carta bien sellada
se fue la muerte encantada,
y hoy la emplean en el cielo
de gerente de consuelo.
La posada
Hubo posada en la empresa
con ponche y con su sorpresa,
intercambio de a cien pesos
y tamales con sus quesos.
La flaca llegó bailando
y el ponche se fue tomando;
le tocó de amigo oculto
el contador más adulto.
Le regaló una bufanda
y el contador una banda;
se abrazaron con cariño
y se echaron hasta un guiño.
Se acabó la madrugada,
la calaca, desvelada,
se durmió sobre el archivo
y no se llevó ni un vivo.
La vacante eterna
Una vacante hay abierta
desde fecha bien incierta;
piden años de experiencia
y sueldo de la clemencia.
Se postuló la calaca
con su título y su placa,
tres idiomas, dos maestrías,
y experiencia de mil días.
La llamaron a entrevista
cinco veces, con su lista;
y a la sexta le dijeron
que otros mejores vinieron.
Se enojó mucho la flaca
y aventó hasta la matraca;
todavía está la plaza
y ni la muerte la abraza.
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