Calaveritas para Recursos Humanos

En Recursos Humanos todo pasa por un formato: la entrevista, el examen, la evaluación y el kit de bienvenida. Estas calaveritas están dedicadas a quienes contratan, evalúan y también organizan la posada. Aquí hasta la Catrina tiene que llenar su solicitud.

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La entrevista

Llegó la flaca a la cita con su hoja de vida escrita, traje negro, buena facha, y una sonrisa sin tacha. La de Recursos Humanos le pidió papeles sanos: -Necesito su acta nueva, su cartilla y una prueba. -Tengo siglos de experiencia, dijo con mucha paciencia, -nunca falto a mi jornada y no pido nada, nada. Ella apuntó con esmero y le dijo, muy ligero: -Le llamamos la semana. Y la muerte espera, ufana.

El psicométrico

Le pusieron una prueba en la sala doce nueva, cien preguntas de colores con dibujos, sin errores. -Dibuje un árbol y un río, y una casa con rocío. Y la calaca dibujó un panteón y lo entregó. La psicóloga del piso revisó con mucho aviso: -Es perfil de liderazgo, solo falta algo de trazo. La contrataron de un tiro sin pedirle ni un suspiro; y hoy la flaca, muy formal, filtra todo el personal.

La evaluación

Ya llegó la evaluación con su tabla y su renglón, cinco puntos por llegar, diez por no vacacionar. A la muerte le tocaba la revisión que esperaba: -Cumple todas sus faenas y trabaja hasta en las cenas, pero falla en el trabajo en equipo, dijo abajo. Y la calaca, indignada, pidió junta reservada. Le subieron el puntaje, le bajaron el coraje, y en aumento le pusieron dos velitas que le dieron.

El kit de bienvenida

Le entregaron su paquete con la taza y el gafete, una pluma, una libreta, y una playera coqueta. La flaca llegó de nueva y aceptó toda la prueba; se probó la sudadera y salió a la cafetera. Le encantó su taza blanca y la puso en una banca; y el gafete se colgó y en la entrada lo chocó. Ya no quiere regresar porque le dan de almorzar; tiene vales y aguinaldo, y hasta un jefe de respaldo.

La carta de recomendación

La calaca quiere empleo en un puesto menos feo, y pidió su carta buena con la firma y con la pena. El jefe se la escribió y de todo la alabó: -Es puntual como ninguna, no ha faltado vez alguna. Pero abajo, en letra chica, puso el hombre y lo publica: -No la manden por encargo, que regresa con recargo. Con su carta bien sellada se fue la muerte encantada, y hoy la emplean en el cielo de gerente de consuelo.

La posada

Hubo posada en la empresa con ponche y con su sorpresa, intercambio de a cien pesos y tamales con sus quesos. La flaca llegó bailando y el ponche se fue tomando; le tocó de amigo oculto el contador más adulto. Le regaló una bufanda y el contador una banda; se abrazaron con cariño y se echaron hasta un guiño. Se acabó la madrugada, la calaca, desvelada, se durmió sobre el archivo y no se llevó ni un vivo.

La vacante eterna

Una vacante hay abierta desde fecha bien incierta; piden años de experiencia y sueldo de la clemencia. Se postuló la calaca con su título y su placa, tres idiomas, dos maestrías, y experiencia de mil días. La llamaron a entrevista cinco veces, con su lista; y a la sexta le dijeron que otros mejores vinieron. Se enojó mucho la flaca y aventó hasta la matraca; todavía está la plaza y ni la muerte la abraza.

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