Calaveritas para primos y primas

Los primos son los amigos que te tocaron de nacimiento: llegan en vacaciones, se acaban el refresco y se quedan a dormir en el piso. Aquí la calaca se mete a la bola y termina jugando, bailando o esperando turno como cualquiera. Para dedicarlas en el grupo de la familia o en la ofrenda.

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El primo gorrón

Mi primo Toño es gorrón: cae siempre a la comida; se llevó hasta el pantalón de la muerte, en la partida.

Vacaciones con los primos

En las vacaciones vienen once primos a la casa; dos colchones los sostienen y una cobija que pasa. Llegó la muerte a contarlos y perdió la cuenta luego; se cansó de separarlos y acabó metida al juego.

La mesa de los primos

En la fiesta familiar hay dos mesas separadas; la de arriba, pa cenar, y la nuestra, con patadas. Se sentó la calaquita en la mesa de los primos; le tocó silla chiquita y el refresco que servimos. Se quejó de la injusticia, pero nadie la escuchó; y con toda la malicia su gelatina voló.

El primo que viene de lejos

Mi primo Lalo, el norteño, llega cada Navidad; con su troca y con su empeño de abrazar la vecindad. Este año trajo a la muerte de aventón desde el camino; la subió, por buena suerte, y le convidó del vino. Le platicó dos mil cosas de la sierra y del desierto; y canciones muy chistosas, hasta llegar a su puerto. Se bajó la calavera con sombrero y con botines; hoy anda de forastera presumiendo sus patines.

La prima que no se cansa

Mi prima Ana no se cansa, baila y baila, no descansa; cumbia, salsa y quebradita, y se avienta la bendita. Vino la flaca a la fiesta con su cara medio puesta; y mi prima la jaló a la pista y la giró. Se cansó la calavera, se sentó en una hielera; y mi prima, sin sudar, le pidió otra pa bailar.

El primo de la consola

Mi primo Iván no se para de la consola y pantalla; come poco y no repara ni en la ropa ni en la talla. Se le apareció la muerte a mitad de la partida; él ni volteó, por su suerte, porque iba en la última vida. La calaca se sentó y agarró el otro control; tres seguidas le ganó y la dejó sin control. La muerte, muy enojada, pidió la revancha luego; y ahí sigue, desvelada, atorada en ese juego.

La prima que manda

La prima Sara nos manda desde chicos, sin permiso; ella dice cómo se anda cada juego y cada piso. Llegó la muerte al zaguán a buscar a los pequeños; Sara dijo: -Aquí no van, que estos niños tienen dueños. La huesuda se formó detrás de los más chiquitos; y en la fila se durmió esperando permisitos.

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