Calaveritas literarias para maestros
Las calaveritas literarias para maestros son una forma cariñosa de celebrar a quienes nos enseñan: el gis, la lista de asistencia, la tarea y esa paciencia infinita frente al grupo. Aquí encontrarás varios versos originales con rima y tono respetuoso, listos para leerse en voz alta en el salón o para dedicarlos en una tarjeta de Día de Muertos. Todas están escritas para que un alumno de primaria o secundaria pueda recitarlas sin problema.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
La maestra Remedios
La maestra Remedios Prado
repartía gis mojado;
al cerrar el pizarrón
tocó un hueso su portón.
-Ya me llevo a la maestra
-dijo la calaca diestra-,
que allá arriba, y no es pecado,
no hay quien dicte ni un dictado.
-Deja al menos que despida
a mi clase consentida.
Y les dijo, sin llorar:
-Hay tarea que entregar.
Se marchó con la huesuda
platicando de la duda,
y allá arriba, dicen ellos,
ya hay tareas con sus sellos.
El profe de matemáticas
El maestro Sebastián,
rey del cero y del afán,
despejaba en el pizarrón
cuando entró la del cajón.
-Vengo a hacerte una resta:
te quito la vida esta.
Él contestó sin temblar:
-Falta el término al pasar.
Sacó lápiz la Catrina,
resolvió con disciplina,
y al final, tras el examen,
reprobó y pidió dictamen.
Gis y calavera
La flaca llegó al salón
buscando a la profesora;
la halló con un cartelón:
regreso en media hora.
Se sentó a esperar la muerte
en la banca de hasta atrás,
y aprendió, por buena suerte,
lo que no supo jamás.
Doña Lupe y la gramática
Doña Lupe Rentería,
maestra de la lectura,
recibió un recado un día
con muy mala escritura.
Vengo por ti, le decía
la calaca sin cordura;
Lupe, con pluma bravía,
corrigió la desventura.
Le enseñó el punto y la coma,
el acento y la mesura,
y la muerte, muy en broma,
se quedó a la asignatura.
El profe de deporte
Al maestro de deporte,
don Aurelio, el del silbato,
lo esperaba, sin reporte,
la calaca un buen rato.
-Ven conmigo -dijo ufana-,
ya se acaba tu jornada.
-Dame, flaca, una mañana
y una vuelta bien trotada.
Corrieron la cancha entera,
la escalera y el zaguán;
la calaca, ya cualquiera,
se sentó a comer su pan.
Y así el profe Villalobos
sigue dando su lección:
la huesuda, entre los globos,
hace fila en el balón.
Recado en el pizarrón
Dejó escrito la calaca
con el gis en el salón:
hoy la clase se destaca,
me llevé al de Educación.
La maestra de kínder
A la maestra Rosita,
la de kínder y canción,
la buscó la calaquita
con su flauta y su bastón.
Pero al ver a los pequeños
cantar juntos el abecé,
la huesuda, entre sus sueños,
se formó y pidió café.
Se quedó de ayudantita
recortando corazón,
y hoy la muerte, tan bonita,
sabe hacer la formación.
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