Calaveritas literarias para maestros

Las calaveritas literarias para maestros son una forma cariñosa de celebrar a quienes nos enseñan: el gis, la lista de asistencia, la tarea y esa paciencia infinita frente al grupo. Aquí encontrarás varios versos originales con rima y tono respetuoso, listos para leerse en voz alta en el salón o para dedicarlos en una tarjeta de Día de Muertos. Todas están escritas para que un alumno de primaria o secundaria pueda recitarlas sin problema.

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La maestra Remedios

La maestra Remedios Prado repartía gis mojado; al cerrar el pizarrón tocó un hueso su portón. -Ya me llevo a la maestra -dijo la calaca diestra-, que allá arriba, y no es pecado, no hay quien dicte ni un dictado. -Deja al menos que despida a mi clase consentida. Y les dijo, sin llorar: -Hay tarea que entregar. Se marchó con la huesuda platicando de la duda, y allá arriba, dicen ellos, ya hay tareas con sus sellos.

El profe de matemáticas

El maestro Sebastián, rey del cero y del afán, despejaba en el pizarrón cuando entró la del cajón. -Vengo a hacerte una resta: te quito la vida esta. Él contestó sin temblar: -Falta el término al pasar. Sacó lápiz la Catrina, resolvió con disciplina, y al final, tras el examen, reprobó y pidió dictamen.

Gis y calavera

La flaca llegó al salón buscando a la profesora; la halló con un cartelón: regreso en media hora. Se sentó a esperar la muerte en la banca de hasta atrás, y aprendió, por buena suerte, lo que no supo jamás.

Doña Lupe y la gramática

Doña Lupe Rentería, maestra de la lectura, recibió un recado un día con muy mala escritura. Vengo por ti, le decía la calaca sin cordura; Lupe, con pluma bravía, corrigió la desventura. Le enseñó el punto y la coma, el acento y la mesura, y la muerte, muy en broma, se quedó a la asignatura.

El profe de deporte

Al maestro de deporte, don Aurelio, el del silbato, lo esperaba, sin reporte, la calaca un buen rato. -Ven conmigo -dijo ufana-, ya se acaba tu jornada. -Dame, flaca, una mañana y una vuelta bien trotada. Corrieron la cancha entera, la escalera y el zaguán; la calaca, ya cualquiera, se sentó a comer su pan. Y así el profe Villalobos sigue dando su lección: la huesuda, entre los globos, hace fila en el balón.

Recado en el pizarrón

Dejó escrito la calaca con el gis en el salón: hoy la clase se destaca, me llevé al de Educación.

La maestra de kínder

A la maestra Rosita, la de kínder y canción, la buscó la calaquita con su flauta y su bastón. Pero al ver a los pequeños cantar juntos el abecé, la huesuda, entre sus sueños, se formó y pidió café. Se quedó de ayudantita recortando corazón, y hoy la muerte, tan bonita, sabe hacer la formación.

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