Calaveritas para choferes y taxistas

Quien se gana la vida al volante conoce el tráfico de memoria, los topes por su nombre y el arte de meter un carro donde no cabe. Estas calaveritas se suben de raite con choferes, taxistas y camioneros para reírse del claxon, de la ruta y de la espera eterna. La muerte también se queda atorada en el embotellamiento.

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El claxon de don Chava

Don Chava pita y no espera aunque la luz esté en rojo; la calaca, que lo espera, lo saluda con un ojo. La calaca se subió con su lista y su bastón; don Chava la rebasó y llegó antes al portón.

El viaje por aplicación

La muerte pidió su viaje por la aplicación del cel; puso estrellas y equipaje y esperó junto al hotel. El chofer nunca llegó porque el mapa lo perdía; y la muerte lo anotó con una estrella, ese día.

Don Ramón y el embotellamiento

Don Ramón salió temprano rumbo a su trabajo lejos; manejando, muy ufano, con dos cafés y consejos. Se atoró en la carretera tres o cuatro horas seguidas; y en la fila delantera iban almas ya perdidas. La calaca se bajó a comprar unos churritos; volvió y nadie se movió ni un metrito, ni tantitos. Se cansó de estar parada y se fue a pie, sin un ruido; don Ramón, sin decir nada, sigue ahí, ya entretenido.

La ruta de don Beto

La ruta doce va llena con cincuenta y tres cristianos; van colgados de la antena y agarrados con las manos. Don Beto dice: - Hay lugar, recórranse para atrás. Y no deja de parar aunque no quepa uno más. Se subió la calaquita sin pagar ni la mitad; don Beto, con vocecita, le cobró la voluntad. La flaca pagó su viaje con un peso y un botón; y se bajó sin coraje por no hallar ni su rincón.

Don Toribio lo sabe todo

Don Toribio es el taxista que lo sabe todo bien: de política, de artista, del clima y hasta del tren. Subió la Catrina un día sin decirle su destino; y Toribio le decía todo el chisme del camino. Le contó de su comadre, del cuñado y sus consejos; y la muerte, que no es madre, se bajó tres cuadras lejos.

Los santos del tablero

En el tablero de Nacho hay tres vírgenes y un santo; un rosario y un penacho y una foto de su encanto. Se subió la muerte atrás para hacer su cobradita; pero no pudo ir jamás con tanta imagen bendita. Los santitos la miraban desde arriba del volante; las estampitas brillaban y le cerraron delante. La calaca se salió por la puerta de emergencia; desde entonces respetó de don Nacho la creencia.

Don Chuy y el camión de carga

Don Chuy maneja el camión de Sonora hasta Tabasco; lleva sueño y devoción y su termo y un buen frasco. La calaca pidió asiento allá por la carretera; y él le dijo, muy contento: - Súbase, doña, ligera. Manejó toda la noche con la muerte a su costado; y ella durmió sin reproche todo el viaje, de su lado. Cuando al fin llegó al destino la muerte se despidió; le dejó café del fino y otro viaje le apuntó.

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