Calaveritas para choferes y taxistas
Quien se gana la vida al volante conoce el tráfico de memoria, los topes por su nombre y el arte de meter un carro donde no cabe. Estas calaveritas se suben de raite con choferes, taxistas y camioneros para reírse del claxon, de la ruta y de la espera eterna. La muerte también se queda atorada en el embotellamiento.
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El claxon de don Chava
Don Chava pita y no espera
aunque la luz esté en rojo;
la calaca, que lo espera,
lo saluda con un ojo.
La calaca se subió
con su lista y su bastón;
don Chava la rebasó
y llegó antes al portón.
El viaje por aplicación
La muerte pidió su viaje
por la aplicación del cel;
puso estrellas y equipaje
y esperó junto al hotel.
El chofer nunca llegó
porque el mapa lo perdía;
y la muerte lo anotó
con una estrella, ese día.
Don Ramón y el embotellamiento
Don Ramón salió temprano
rumbo a su trabajo lejos;
manejando, muy ufano,
con dos cafés y consejos.
Se atoró en la carretera
tres o cuatro horas seguidas;
y en la fila delantera
iban almas ya perdidas.
La calaca se bajó
a comprar unos churritos;
volvió y nadie se movió
ni un metrito, ni tantitos.
Se cansó de estar parada
y se fue a pie, sin un ruido;
don Ramón, sin decir nada,
sigue ahí, ya entretenido.
La ruta de don Beto
La ruta doce va llena
con cincuenta y tres cristianos;
van colgados de la antena
y agarrados con las manos.
Don Beto dice: - Hay lugar,
recórranse para atrás.
Y no deja de parar
aunque no quepa uno más.
Se subió la calaquita
sin pagar ni la mitad;
don Beto, con vocecita,
le cobró la voluntad.
La flaca pagó su viaje
con un peso y un botón;
y se bajó sin coraje
por no hallar ni su rincón.
Don Toribio lo sabe todo
Don Toribio es el taxista
que lo sabe todo bien:
de política, de artista,
del clima y hasta del tren.
Subió la Catrina un día
sin decirle su destino;
y Toribio le decía
todo el chisme del camino.
Le contó de su comadre,
del cuñado y sus consejos;
y la muerte, que no es madre,
se bajó tres cuadras lejos.
Los santos del tablero
En el tablero de Nacho
hay tres vírgenes y un santo;
un rosario y un penacho
y una foto de su encanto.
Se subió la muerte atrás
para hacer su cobradita;
pero no pudo ir jamás
con tanta imagen bendita.
Los santitos la miraban
desde arriba del volante;
las estampitas brillaban
y le cerraron delante.
La calaca se salió
por la puerta de emergencia;
desde entonces respetó
de don Nacho la creencia.
Don Chuy y el camión de carga
Don Chuy maneja el camión
de Sonora hasta Tabasco;
lleva sueño y devoción
y su termo y un buen frasco.
La calaca pidió asiento
allá por la carretera;
y él le dijo, muy contento:
- Súbase, doña, ligera.
Manejó toda la noche
con la muerte a su costado;
y ella durmió sin reproche
todo el viaje, de su lado.
Cuando al fin llegó al destino
la muerte se despidió;
le dejó café del fino
y otro viaje le apuntó.
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