Calaveritas literarias para niños
Estas calaveritas literarias para niños están protagonizadas por niñas y niños que juegan, comparten dulces y se topan con una Catrina más juguetona que temible. Las rimas son sencillas y el vocabulario es claro, para que puedan memorizarse y recitarse sin dificultad en casa o en la escuela. Son ideales para el Día de Muertos, para tareas de español o para un concurso de lectura en voz alta.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Ana y sus dulces
Andaba Ana Sofía
con su bolsa de dulcitos,
cuando llegó, en pleno día,
la Catrina y sus huesitos.
-Convídame un chocolate
-le dijo la calavera-,
o me llevo tu petate
y también tu dulcera.-
Ana le dio una paleta,
un bombón y un mazapán;
la huesuda, muy discreta,
se fue a bailar con don Juan.
El columpio
Se columpiaba Manuel
muy contento en el jardín,
cuando vio bajo el laurel
a la flaca con violín.
-Súbete -dijo el chiquillo-,
yo te empujo hasta la luna.-
La calaca, con su brillo,
se meció como ninguna.
Tanto rieron los dos
que olvidó la flaca el plan;
se despidieron a una voz:
-¡Mañana vuelvo, galán!-
Rosita y su lazo
Rosita brincaba el lazo
con sus trenzas de listón,
cuando vio, en un abrazo,
a la flaca del panteón.
-Enséñame a brincar, niña,
que yo nunca lo aprendí;
si me sale, te doy piña
y una flor de alhelí.-
Brincaron toda la tarde
hasta que salió la luna;
la Muerte, que no es cobarde,
se marchó sin llevar a una.
El globo de Pedrito
Corría el chico Pedrito
tras el globo de color;
lo agarró un esqueletito
con muchísimo primor.
-Ese globo es de la Muerte,
me lo debes regresar;
pero como eres tan fuerte,
te lo puedes tú quedar.-
Se fue el globo hacia el cielo
con la flaca en el cordel,
y Pedrito, sin recelo,
le gritó: -¡Adiós, mi fiel!-
Las canicas de cristal
Con canicas de cristal
jugaba Baltasarito;
la calaca, muy formal,
le apostó su esqueletito.
Tiró el niño con destreza
y ganó todo el montón;
la huesuda, con tristeza,
le entregó hasta su bastón.
-Me ganaste, chamaquito,
ya no vengo por tu bien;
juega un rato, un ratito,
y nos vemos en el cien.-
La piñata de Lucía
En la fiesta de Lucía
había una gran piñata;
la Catrina, ese día,
llegó con su serenata.
Le vendaron bien los ojos
y le dieron un palazo;
la piñata, hecha despojos,
se rompió con el porrazo.
Cayeron dulces a montones,
cacahuates y tejocotes;
la flaca llenó cajones
y bailó con los chamacotes.
El girasol de Emiliano
Emiliano, en el jardín,
regaba su girasol;
vino la Muerte, y al fin
le robó todo el farol.
-Devuélveme mi lucero
-le reclamó el chiquillo-,
que sin sol no crece entero
mi jardín tan amarillo.-
La calaca, conmovida,
le devolvió su fulgor,
y le dio, de despedida,
cempasúchil de color.
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