10 calaveritas literarias para niños

Estas calaveritas literarias para niños están escritas con lenguaje sencillo y sin nada que asuste: la muerte aparece como una calaca juguetona que casi siempre sale perdiendo. Cada una tiene dos estrofas de cuatro versos, así que se memorizan fácil para la tarea o para el festival de la escuela.

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La calaca en el recreo

En el patio del recreo apareció la calaca; se metió en el correteo y quedó hecha una matraca. Los niños la levantaron y le dieron su lugar; desde entonces la invitaron a la cuerda y a saltar.

Los colores de Emilia

Emilia hizo su tarea con colores y cartón; la calaca la rodea y le pide su crayón. Emilia le prestó el rojo y también el amarillo; la Catrina, con antojo, se pintó todo el huesillo.

Pase de lista

La maestra de tercero pasó lista de asistencia; contestó un hueso viajero: -¡Presente, con su licencia! La maestra la sentó en la última fila, atrás; la calaca ahí roncó y ya no se fue jamás.

La bici de Rafa

Rafa corre en bicicleta por la calle San Martín; lo persigue la esqueleta con su carrito y patín. Rafa dio tres vueltas más y la flaca se cansó; se subió al cuadro de atrás y Rafa la paseó.

El examen de Sofía

Sofía estudió muy poco y le toca responder; la calaca, como un coco, se asomó para leer. Le sopló todas las fechas de la Independencia aquella; las tenía muy deshechas y reprobaron con ella.

Don Pancho y su escoba

Don Pancho barre el salón cuando todos ya se van; se le apareció el montón de huesitos, con afán. Don Pancho, con su escobota, los barrió con gran primor; la Catrina, muy devota, le rogó: -¡Con más amor!

En la tiendita

En la tienda de la escuela la calaca, muy sencilla, se compró rica ciruela con su torta de vainilla. Mas no traía un centavo y quedó a deber la cuenta; hoy la flaca, sin un clavo, lava trastes en la venta.

El balón de Mateo

Mateo tiró el balón y rompió cada ventana; la flaca, en el callejón, se lo trajo a la mañana. -Te lo guardo, chamaquito, pero busca otro lugar-. Hoy la flaca, de arbitrito, les ayuda a patear.

El altar de la abuela

Mi abuelita Chela reza y prende su veladora; la Catrina, con nobleza, se sentó a rezar una hora. Le sirvió su pan de muerto, chocolate y mandarina; y hoy la flaca, en nuestro huerto, ya se volvió la vecina.

Canelo, el perro del patio

Canelo, el perro del patio, duerme al sol del mediodía; llegó la flaca despacio con su lista y su porfía. Canelo, con un solo ojo, le ladró desde la sombra; la flaca, con gran enojo, se escondió bajo la alfombra.

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