Calaveritas para abuelos y abuelas

Los abuelos tienen mano para la cocina, paciencia para los consejos y una silla lista para quien llegue, aunque sea la muerte. En estas calaveritas la calaca los trata con respeto y casi siempre se queda de visita más tiempo del que pensaba. Dedícalas en la ofrenda o léelas junto a su foto.

¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con el nombre y los detalles que tú quieras.

La bendición

Mi abuelita, doña Inés, siempre me echa bendición; vino la flaca después y salió sin su rencor.

El dominó de don Cuco

Don Cuco y su dominó no se pierden ni un domingo; la muerte se le sentó a jugar con su respingo. Don Cuco le puso mula, la calaca se quedó; la huesuda ya calcula cuánto tiempo le ganó.

El fogón de la abuela Petra

Mi abuela Petra Zamora tiene un fogón de tesoro; desde temprano, a la aurora, muele el maíz como el oro. Se apareció la huesuda con hambre y con mal semblante; mi abuela, que a nadie duda, le sirvió un caldito humeante. Se acabó la cazuelita y el sartén y el molcajete; y le dijo mi abuelita: -Ahí te va otro banquete.

Los cuentos de don Jacinto

Mi abuelo Jacinto Prado habla poco y dice mucho; con el sombrero ladeado me aconseja y yo lo escucho. Vino la muerte al solar con su prisa de patrón; mi abuelo la hizo esperar y le arrimó su sillón. Le contó de sus abuelos, de la milpa y del maíz; de las nubes, de los cielos, y de cuando fue feliz. La huesuda se durmió con la historia y el sereno; y mi abuelo la tapó con su sarape moreno.

Doña Amparo teje y teje

Doña Amparo teje y teje no hay quien se lo maneje; hace suéter, hace chal, y bufanda para el mal. Llegó la muerte temblando con los huesos tiritando; doña Amparo, sin hablar, le empezó a tejer un chal. Se lo puso la calaca, presumida y medio flaca; hoy regresa cada invierno y le teje un gorro tierno.

Don Genaro madrugador

Don Genaro se levanta con la primera campana; barre el patio, riega y canta y saluda a la mañana. Una vez, de madrugada, lo esperaba la calaca; con la lista bien firmada y una prisa que no aplaca. Le sirvió su café de olla, pan de anís y una silleta; la calaca, que se antolla, se quedó hasta la banqueta. Amaneció platicando de la lluvia y la cosecha; y se fue, ya bostezando, sin cumplir con esa fecha.

Los remedios de doña Rita

Doña Rita cura todo con su hierba y con buen modo; si te duele la barriga, te lo cura como amiga. Llegó la muerte enfermita, tosiendo, la pobrecita; doña Rita la sentó y un remedio le sirvió. Sanó luego la huesuda, y salió de ahí sin duda; desde entonces, cada mes, vuelve y se cura otra vez.

💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora más calaveritas literarias.