Palabras que riman para calaveritas literarias
La terminación -ón es la más socorrida del género, porque en ella cae panteón y con eso se resuelve medio poema: panteón, camión, cajón, colchón, montón, rincón, corazón, ocasión, razón, jamón, calzón, empujón, tirón, patrón, sillón, ratón, botón, callejón, cinturón, tazón, bastón, escalón, portón, salón, renglón, cordón, algodón, camarón, pantalón, avión, canción, limón, melón, talón, riñón, sazón, tapón, jalón, apagón, chaparrón, resbalón, tragón, comelón, latón, aventón. Todas son palabras agudas, así que al contar las ocho sílabas hay que sumarle una al verso que acabe en cualquiera de ellas.
La terminación -ada es la más abundante de todas, porque cualquier participio femenino sirve: llegada, jalada, temporada, entrada, tapada, cargada, empanada, madrugada, almohada, ensalada, mirada, jornada, posada, tostada, helada, granada, manada, patada, jugada, pasada, espada, morada, velada, callada, apurada, enojada, asustada, desvelada, encantada, amansada, afilada, arrinconada, alborada, nada. Justo por abundante conviene no abusar: si los cuatro versos de una estrofa terminan en participio, el poema suena a lista de lavandería.
La terminación -ero trae oficios enteros, lo que la vuelve ideal para calaveritas de trabajo: dinero, enero, sombrero, cocinero, panadero, ligero, aguacero, potrero, primero, mensajero, llavero, lucero, cordero, tintero, obrero, ranchero, tablero, letrero, casero, entero, sincero, febrero, agujero, basurero, carnicero, jardinero, portero, torero, bombero, viajero, pandero, granero, sendero, pastelero, mesero, cajero, marinero, zapatero, plomero, herrero, hormiguero.
La terminación -illa huele a cocina y a mercado, que es justo donde mejor se mueve la muerte mexicana: costilla, rodilla, semilla, pastilla, orilla, tortilla, pandilla, silla, ardilla, maravilla, mejilla, hebilla, cuchilla, capilla, campanilla, sombrilla, pesadilla, camilla, sencilla, amarilla, polilla, taquilla, arcilla, chiquilla, quesadilla, morcilla, rencilla, mantilla, parrilla, milla, villa.
La terminación -ento sirve para la parte sentida del poema, la que va antes del chiste: lamento, momento, cuento, aliento, viento, tormento, portento, contento, sustento, jumento, talento, asiento, sediento, hambriento, violento, cemento, aumento, intento, invento, sentimiento, pensamiento, casamiento, monumento, testamento, juramento, argumento, alimento, descuento, tiento, ciento, ungüento, evento.
La terminación -uerte es la del centro mismo del asunto: muerte, suerte, fuerte, advierte, convierte, divierte, vierte. Es más rica de lo que parece, porque la rima corre desde la vocal acentuada y no desde la u, de modo que también entran inerte, despierte, acierte, invierte, revierte y todos los infinitivos con el pronombre pegado: verte, tenerte, quererte, perderte, comerte, traerte, conocerte, devolverte. En cambio llevarte no sirve, aunque se le parezca, porque suena -arte y no -erte.
La terminación -anto es corta pero muy útil para rematar: llanto, canto, santo, espanto, tanto, quebranto, encanto, manto, cuanto, camposanto, entretanto, adelanto, aguanto, levanto, desencanto.
La terminación -ura es la más elegante del grupo y la que mejor se lleva con sepultura: sepultura, dulzura, hermosura, locura, figura, basura, cordura, ternura, factura, altura, aventura, criatura, costura, cintura, dentadura, travesura, verdura, pintura, escritura, lectura, calentura, amargura, premura, cura, oscura, segura, madura, dura, pura, futura, apura, procura.
La terminación -al es aguda y por eso cierra con golpe seco, ideal para el último verso: final, fatal, mortal, tamal, hospital, corral, cristal, jacal, animal, temporal, funeral, puñal, panal, canal, portal, mezcal, nopal, costal, morral, delantal, carnaval, general, caporal, natural, igual, mal, sal, señal, metal, umbral, rival, arrabal, pedestal, terrenal, celestial, maizal, trigal, festival.
Las terminaciones -ito e -ita son el recurso de la ternura y también el del apuro, porque casi cualquier palabra admite diminutivo y entonces el verso se acomoda solo: angelito, poquito, ratito, panteoncito, muertito, solito, tantito, despacito, abuelito, hermanito, perrito, gatito, bonito, chiquito, sombrerito, tamalito, atolito, huesito, difuntito, sueldito, calientito, banquito, y del otro lado calaverita, viejita, campanita, boquita, ahorita, florecita, velita, tumbita, catrinita, flaquita, huesudita, calaquita, ofrendita, casita, abuelita, muchachita, cosita, ratita, mesita. Ojo con no cruzarlas: -ito rima con -ito e -ita con -ita, pero angelito y calaverita no riman entre sí.
Las palabras de la fiesta misma son las que acaban resolviendo el verso atorado, y conviene traer a la mano con qué rima cada una. Calaca y flaca riman con vaca, hamaca, matraca, petaca, placa, resaca, opaca, ataca y empaca. Huesuda rima con ayuda, duda, viuda, muda, desnuda, aguda, sesuda, menuda y saluda. Catrina rima con cocina, esquina, gallina, vecina, harina, cantina, madrina, medicina, adivina, rutina, sardina, bocina y camina. Panteón entra en toda la familia de -ón, y sepultura en la de -ura.
Las del altar y la ofrenda, que son las que salen cuando el poema se pone solemne antes del chiste. Guadaña rima con caña, maña, montaña, araña, España, extraña, engaña, hazaña, cabaña, telaraña, regaña, pestaña y entraña. Altar rima con cantar, llorar, rezar, lugar, hogar, mar, pesar, olvidar, visitar, brindar, alumbrar y manjar. Veladora rima con ahora, señora, llora, mejora, aurora, demora, devora, implora, hora y enamora. Ofrenda rima con tienda, prenda, merienda, contienda, hacienda, encienda, entienda, venda, senda, leyenda y comprenda.
Y las del entierro mismo, para el remate. Difunto rima con punto, asunto, junto, pregunto, conjunto, apunto y presunto. Tumba rima con rumba, zumba, retumba, derrumba y catacumba, que son pocas y muy vistas, así que casi siempre conviene usarla a media línea. Entierro rima con perro, cerro, hierro, encierro, destierro, yerro y becerro. Mortaja rima con caja, baja, faja, raja, paja, ventaja, trabaja, navaja, rebaja y baraja. Y cempasúchil no rima con nada aprovechable: métela dentro del verso, nunca al final.
Dos advertencias antes de que te lances. La primera es que la rima no manda sobre el sentido: cuando la única palabra que te rima no viene al caso, no la metas a fuerzas; deshaz mejor el verso anterior y cámbiale la terminación, porque se nota muchísimo más un colchón encajado a la mala que un renglón reescrito. La segunda es que rima consonante quiere decir que todo coincide desde la vocal acentuada, no nada más la última letra: puesto y pretexto no riman, porque uno acaba en -esto y el otro en -exto, igual que casa y mañana tampoco riman aunque las dos terminen en a. Léelo siempre en voz alta, que el oído caza en un segundo lo que el ojo perdona.
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Las que riman en -ada
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