Calaveritas literarias cortas para niños
Estas calaveritas literarias cortas para niños caben en una o dos estrofas, así que se aprenden rápido y se recitan sin trabarse. Los versos hablan del recreo, la mochila, los dulces, el perro y hasta de las verduras que nadie quiere comer, con una calaca juguetona que acaba haciendo travesuras en lugar de sustos. Sirven para la tarea de español, para el periódico mural o para leerlas en voz alta en casa.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Recreo con la calaca
Tere salió a los quemados
con sus tenis bien atados;
la calaca dijo: -Voy,
que en el recreo yo estoy.-
Corrieron sin descansar
hasta que oyeron sonar
el timbre; y la calaquita
les pidió otra vueltecita.
La mochila de Rafa
Rafa carga su mochila
llena de libros y goma;
la calaca, que vigila,
quiso ver lo que se asoma.
La huesuda quiso alzarla
y no pudo ni un poquito;
prefirió mejor dejarla
y cargar el lapicito.
El bote de Chayito
Chayito guarda en su bote
tamarindos y paletas;
la Catrina, que va al trote,
llegó oliendo las galletas.
Chayito le dio un puñado
de sus dulces con cariño;
la flaca, ya con bocado,
se marchó sin ese niño.
El perro de la reja
El perro de Juan Manuel
cuidaba el patio muy fiel;
llegó la flaca a la reja
y le ladró en la oreja.
Soltó la flaca el costal
y corrió para el portal;
hoy el perro, satisfecho,
esconde un hueso en su lecho.
La bici de Valentina
Valentina, en bicicleta,
daba vueltas a la meta;
la calaca, sin patines,
la siguió por los jardines.
La niña pedaleó
y la flaca no aguantó;
hoy la huesuda, ya formal,
pide raite hasta el portal.
Toñito y las verduras
Toñito no quiere ejotes,
ni chícharos ni camotes;
la calaca fue a cenar
y le ayudó a masticar.
Se comió todo el guisado,
hasta el plato se tragó;
y Toñito, muy salvado,
cada jueves la invitó.
El control de Emilio
Emilio juega en la sala
con el control en la mano;
la calaca, que lo iguala,
perdió tres vidas temprano.
La tarea de Male
Malena hizo la tarea
con esmero y sin pelea;
llegó la flaca al buró
y la hoja se la llevó.
Al llegar Male al salón
ya no había ni un renglón;
mas la flaca, con primor,
se la entregó al profesor.
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