Calaveritas para almacén y montacarguistas
El almacén no descansa: hay tarimas que acomodar, conteos que cuadrar y pedidos que salen a la carrera. Estas calaveritas van para los montacarguistas, los del turno nocturno y todos los que le entran a la chamba pesada. Aquí hasta la calaca tiene que pasar por la báscula.
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El inventario
Hoy es día de inventario
en el almacén del barrio,
toda el área en su cuadrilla
cuenta caja por rejilla.
Se apuntó la calaquita
y su cuenta ya infinita;
fue contando las tarimas,
las cajas y hasta las limas.
Le faltaron veinte piezas
y le dieron mil tristezas;
las buscó por las entradas
y por fin fueron halladas.
Estaban tras un anaquel
junto a un viejo carrusel;
la muerte cerró su cuenta
y se fue muy bien contenta.
El montacargas
Don Beto es montacarguista
y maneja como artista,
da la vuelta en un ladrillo
sin tirarle ni un tornillo.
La huesuda lo intentó
y la torre se cayó;
se le fue la palanquita
y tiró hasta la cajita.
Don Beto llegó corriendo
y le fue diciendo, riendo:
-Esto no es acelerar,
es cosa de acomodar.
Le enseñó a dar bien la vuelta
y a bajar la carga suelta;
hoy maneja la calaca
con su placa y su matraca.
Las tarimas
Las tarimas bien formadas
en hileras ordenadas,
cada una con su etiqueta,
cada carga en su gaveta.
Vino la muerte a llevarse
una tarima, y cargarse
todo un lote de cerveza,
y no pudo, por torpeza.
Las tarimas se enredaron
y encimita la dejaron;
y pidió, medio afligida,
que le dieran la salida.
Los muchachos la sacaron
y la carga acomodaron;
desde entonces la calaca
solo mira, y no las saca.
El conteo cíclico
Cada lunes, muy temprano,
con la tableta en la mano,
hacen conteo por zona
sin dejar ni una persona.
La calaca fue asignada
a la zona más pesada,
donde guardan lo pequeño,
lo que a todos quita el sueño.
Fue contando las rondanas,
las tuercas de dos semanas;
a la tuerca mil quinientos
se le fueron los alientos.
Renunció y pidió su pago,
y dijo: -Mejor no lo hago;
yo prefiero llevar almas
y que me aplaudan las palmas.
El turno nocturno
En el turno de la noche
no se escucha ni un reproche,
solo el ruido del motor
y el radito del señor.
La calaca se aparece
cuando el sueño ya florece,
y se sienta en la banquita
a esperar la mañanita.
Y don Lupe le ofreció
un taco que le sobró;
platicaron de la vida,
de la esposa y la comida.
Amaneció, salió el sol,
y se fue sin su farol;
hoy regresa cada noche
por su taco y su derroche.
La báscula
La báscula está en la entrada
y no perdona ni nada,
pesa gramo por gramito
y no acepta ni un poquito.
Se subió la muy calaca
con costal, capa y con placa,
y la aguja no marcó
porque nada se pesó.
El de báscula, muy serio,
le buscó todo el misterio;
-Si no pesa, no hay salida,
no hay boleto ni medida.
La flaca se puso un saco
lleno de tornillo y taco,
y así logró dar el peso
y llevarse un buen exceso.
El pedido urgente
Faltan diez para las siete
y ya llegó otro paquete,
son cien cajas para el norte
y ya no hay quien las transporte.
Se pusieron a correr
sin siquiera detener;
la calaca les ayuda
con su carrito y su duda.
-Yo venía por Andrés,
pero luego, ya después,
cuando acabemos la carga,
porque la noche se alarga.
El camión salió a las nueve,
con la carga que se debe;
y la muerte, ya cansada,
se durmió en la rampa echada.
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