Calaveritas para almacén y montacarguistas

El almacén no descansa: hay tarimas que acomodar, conteos que cuadrar y pedidos que salen a la carrera. Estas calaveritas van para los montacarguistas, los del turno nocturno y todos los que le entran a la chamba pesada. Aquí hasta la calaca tiene que pasar por la báscula.

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El inventario

Hoy es día de inventario en el almacén del barrio, toda el área en su cuadrilla cuenta caja por rejilla. Se apuntó la calaquita y su cuenta ya infinita; fue contando las tarimas, las cajas y hasta las limas. Le faltaron veinte piezas y le dieron mil tristezas; las buscó por las entradas y por fin fueron halladas. Estaban tras un anaquel junto a un viejo carrusel; la muerte cerró su cuenta y se fue muy bien contenta.

El montacargas

Don Beto es montacarguista y maneja como artista, da la vuelta en un ladrillo sin tirarle ni un tornillo. La huesuda lo intentó y la torre se cayó; se le fue la palanquita y tiró hasta la cajita. Don Beto llegó corriendo y le fue diciendo, riendo: -Esto no es acelerar, es cosa de acomodar. Le enseñó a dar bien la vuelta y a bajar la carga suelta; hoy maneja la calaca con su placa y su matraca.

Las tarimas

Las tarimas bien formadas en hileras ordenadas, cada una con su etiqueta, cada carga en su gaveta. Vino la muerte a llevarse una tarima, y cargarse todo un lote de cerveza, y no pudo, por torpeza. Las tarimas se enredaron y encimita la dejaron; y pidió, medio afligida, que le dieran la salida. Los muchachos la sacaron y la carga acomodaron; desde entonces la calaca solo mira, y no las saca.

El conteo cíclico

Cada lunes, muy temprano, con la tableta en la mano, hacen conteo por zona sin dejar ni una persona. La calaca fue asignada a la zona más pesada, donde guardan lo pequeño, lo que a todos quita el sueño. Fue contando las rondanas, las tuercas de dos semanas; a la tuerca mil quinientos se le fueron los alientos. Renunció y pidió su pago, y dijo: -Mejor no lo hago; yo prefiero llevar almas y que me aplaudan las palmas.

El turno nocturno

En el turno de la noche no se escucha ni un reproche, solo el ruido del motor y el radito del señor. La calaca se aparece cuando el sueño ya florece, y se sienta en la banquita a esperar la mañanita. Y don Lupe le ofreció un taco que le sobró; platicaron de la vida, de la esposa y la comida. Amaneció, salió el sol, y se fue sin su farol; hoy regresa cada noche por su taco y su derroche.

La báscula

La báscula está en la entrada y no perdona ni nada, pesa gramo por gramito y no acepta ni un poquito. Se subió la muy calaca con costal, capa y con placa, y la aguja no marcó porque nada se pesó. El de báscula, muy serio, le buscó todo el misterio; -Si no pesa, no hay salida, no hay boleto ni medida. La flaca se puso un saco lleno de tornillo y taco, y así logró dar el peso y llevarse un buen exceso.

El pedido urgente

Faltan diez para las siete y ya llegó otro paquete, son cien cajas para el norte y ya no hay quien las transporte. Se pusieron a correr sin siquiera detener; la calaca les ayuda con su carrito y su duda. -Yo venía por Andrés, pero luego, ya después, cuando acabemos la carga, porque la noche se alarga. El camión salió a las nueve, con la carga que se debe; y la muerte, ya cansada, se durmió en la rampa echada.

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