Calaveritas literarias para Agustín
Agustín siempre anda con algo entre manos: el patín, el violín, la cuchara del albañil o las pinzas del dentista. La huesuda ha ido a buscarlo a todos esos lugares y ninguna vez le ha salido el trato. Aquí van calaveritas para regalarle en Día de Muertos.
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Agustín y su patín
Agustín tiene un patín
y da vueltas al jardín;
la calaca lo miró
y también uno pidió.
Se lo prestó de buen modo
y le enseñó todo, todo;
la calaca dio maroma
y rodó como paloma.
Se rompió tres costillitas
y quedó con las patitas
para arriba, y Agustín
la sentó sobre un cojín.
Mi abuelo Agustín
Se llama Agustín mi abuelo
y me cuida como al cielo;
vino la flaca por él
con su cuenta y su papel.
Él le dijo: -Ten paciencia,
que me falta mi querencia;
quiero ver a mis nietitos
y enseñarles mis dichitos.
La flaca se conmovió
y en la hamaca se meció;
hoy le escucha los relatos
y se quedan largos ratos.
Agustín en el taller
Agustín hace roperos,
mesas, sillas y sus maderos;
la Catrina le encargó
una caja y no pagó.
La quería con barniz,
con moldura y con matiz;
Agustín le dijo: -Nel,
primero pasa al papel.
Le hizo firmar un contrato
con su nombre y su retrato;
como nunca le pagó,
con su caja se quedó.
Agustín y su violín
Agustín toca violín
en las bodas y al festín;
la huesuda lo escuchó
y a bailar se le metió.
Le pidió luego un danzón
y bailó por el rincón;
Agustín tocó tres horas
y ella andaba a deshoras.
Se acabaron las canciones
y las suelas, los talones;
Agustín cobró la noche
y la flaca fue al derroche.
Agustín y su cuchara
Agustín pega ladrillo
con cuchara y con martillo;
llegó la flaca a pedir
una barda pa' morir.
Agustín pidió anticipo
para el cemento y su equipo;
la calaca prometió
pero nunca apareció.
Agustín cerró el portón
y dejó dentro el cajón;
hoy la flaca, muy formal,
abona su capital.
Agustín y las muelas
Agustín saca los dientes
con dos pinzas relucientes;
la Catrina se sentó
y la boca le mostró.
Le contó treinta y dos piezas
y también otras rarezas;
le tapó todas las muelas
con amalgama y con velas.
Le pasó luego la cuenta
y la flaca se calienta;
le dejó la calavera
como anuncio en la vidriera.
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