Calaveritas para pedir dulces
El 1 y 2 de noviembre los niños salen con su bolsita a pedir dulces de casa en casa, y estos versos son justo para eso. Van con humor infantil: la bolsa que anda vacía, el diente goloso y la casa que tardó en abrir. Se dicen en la puerta, con toda la sonrisa por delante.
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La bolsa vacía
Mi bolsita de papel
anda triste y sin sabor,
porque no le cae ni un dulce
desde la esquina mayor.
Ya le dije: -Aguanta, bolsa,
que la noche va empezando,
que en la casa del rosal
siempre andan regalando.
Se llenó de caramelos,
de paletas y turrón,
y ahora pesa mi bolsita
más que el mismo camión.
El diente dulce
Tengo un diente bailarín
que se mueve sin parar,
y en oliendo un caramelo
se me quiere ir a bailar.
La Catrina me decía:
-Ese diente ya se va.
Y él contestó bien tranquilo:
-Solo si hay dulce por acá.
Se cayó, pero contento,
en la bolsa de papel,
y hasta el hueco de la boca
pide dulce y pide miel.
La casa que no abrió
Toqué en la casa de enfrente
y nadie me contestó;
solo el perro dio un ladrido
y la vela se apagó.
Yo le dije a la ventana:
-Ándele, no sea así,
que traigo la bolsa sola
y un cantito para ti.
Al ratito se prendió
la lucecita del portón,
y salió doña Chelito
con dulces de a montón.
La calaca golosa
La calaca anda pidiendo
con su bolsa de cartón,
y se le acabó la risa
cuando le dieron limón.
Dijo: -Yo quería dulces,
lo agrio no me gusta a mí.
Y los niños se rieron
y le dieron un maní.
Se llenó de chicles rosas
y gomitas de sabor,
y hoy la flaca anda en el barrio
de golosa y pedidor.
Mi costalito
Cambié la bolsa chiquita
por costal de la central,
porque el dulce de este barrio
no cabía ni en morral.
Mi mamá me dijo: -Hijo,
no te vayas a empachar.
Y la calaca le dijo:
-Déjelo, déjelo gozar.
Y hoy mi costal va rodando
por la calle del panteón,
con paletas, con pepitas
y con todo el corazón.
El dulce que se me cayó
Se me cayó un caramelo
justo enfrente del zaguán,
y rodó por la banqueta
como si tuviera afán.
Lo persiguió el perro flaco,
lo persiguió mi hermanito,
y al final se lo comió
la calaca del carrito.
Yo lloré tantito y luego
la tristeza se me fue,
porque en la casa de al lado
otro dulce me encontré.
La abuelita dulcera
En la casa de la esquina
vive doña Concepción,
que reparte calaveritas
con toda su devoción.
Nos regala mazapanes
y nos manda un besito,
y nos cuenta que de chica
ella pedía su dulcito.
Por eso cuando pasamos
le cantamos con amor:
-Que le dure su dulcera
y le sobre el buen humor.
El último dulcito
Ya se acabó la vuelta,
ya nos vamos a la cama,
con la bolsa bien llenita
y la panza que reclama.
Guardo el último dulcito
en un rincón del morral,
para ponerlo mañana
en el altar familiar.
Y la calaca me dijo
desde el pan del altar:
-Ese ya me lo comí,
gracias por convidar.
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