Calaveritas para traileros y camioneros
Los que se ganan la vida en la carretera saben que la muerte también viaja de noche. Aquí van unas calaveritas para los traileros y camioneros de México, con su troca, su café de madrugada y su Virgen en el tablero. Sirven para el altar del taller o para mandarlas por el radio.
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El camino largo
Don Chuy maneja de noche
sin quejarse ni un reproche,
lleva carga hasta Sonora
y maneja hasta la aurora.
La huesuda se subió
y de copiloto habló:
-Ya me llevo tu equipaje
y también todo el garaje.
Don Chuy le sirvió café
y le dijo: -Espere usté,
aún me falta esa entrega
y una carga que no llega.
Y la flaca se acomodó,
y en la litera roncó.
Desde entonces lo acompaña,
y el volante ya la extraña.
El nombre pintado
Su troca lleva pintado
un buen nombre bien plantado:
-La Reina del Occidente-,
que es su esposa, su teniente.
La calaca, muy formal,
le pidió el papel legal,
pero él dijo: -No me voy,
que esta troca es lo que soy.
La muerte leyó el letrero
y aflojó todito el cuero:
-Si te llevo, quién le canta
a la reina que te aguanta.
Le firmó un permiso nuevo
y le dijo: -No me atrevo.
Se bajó por la banqueta
dejando la ruta abierta.
En la caseta
Se paró en una caseta
don Beto con su carreta,
y en la ventana asomada
la muerte estaba sentada.
-Son cien pesos el pasaje,
y le cobro el equipaje.
Don Beto pagó completo,
con su cambio y su boleto,
pero pidió su factura
porque la empresa es muy dura.
La flaca buscó un recibo
y se quedó sin motivo.
Don Beto arrancó su troca:
-Sin factura no se toca.
Y la muerte, en la caseta,
se quedó con su libreta.
Café de las tres
A las tres de la mañana,
para un café en la ventana,
don Nico baja a estirarse
y en la barra acomodarse.
La huesuda, de mesera,
le sirvió taza tercera:
-Este es cortesía mía,
y con él se va su día.
Don Nico se lo tomó
y otro más se le pidió:
-Si el café me va a matar,
que me deje terminar.
La flaca se sentó al lado
con el pan recién tostado,
y entre plática y tostada
se le fue la madrugada.
La Virgen del tablero
En el tablero, colgada,
la Virgen va bien cuidada,
con su foco parpadeando
y un rosario ahí colgando.
Se subió la muy calaca
con su lista y su matraca,
pero al ver a la Señora
se quedó como a deshora.
-Con permiso, dijo quedo,
que aquí llevarlo no puedo.
Y el chofer, agradecido,
le rezó por lo ocurrido.
Y ahora en cada bajada,
con la troca bien cargada,
va la muerte de rodillas
pidiendo por las orillas.
El compañero de ruta
Van dos trocas en hilera,
una atrás y otra primera;
si una falla en el camino,
la otra para y hace el guiño.
Se le apagó a don Ramiro
el motor en un suspiro,
y llegó la calaquita
con su grúa muy bonita.
Pero atrás venía el Chema
y arregló todo el problema:
un cable, un jalón, un grito,
y arrancó como bendito.
La huesuda, sin trabajo,
se regresó para abajo,
porque aquí nadie se raja
y el que puede, siempre baja.
Llegar a casa
Doce días de camino
y por fin llegó Faustino,
con su troca bien lavada
y la casa iluminada.
En la puerta, su Rosita,
y en sus brazos, la chiquita;
y detrás, con su rebozo,
la calaca, sin reposo.
-Ya vengo a cobrar el viaje,
dijo, alzando su equipaje.
Y Faustino, sin soltarla,
contestó: -Deja abrazarla.
La muerte guardó su lista
y se fue como turista,
porque un hombre que ha llegado
no se va tan apurado.
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