Calaveritas para traileros y camioneros

Los que se ganan la vida en la carretera saben que la muerte también viaja de noche. Aquí van unas calaveritas para los traileros y camioneros de México, con su troca, su café de madrugada y su Virgen en el tablero. Sirven para el altar del taller o para mandarlas por el radio.

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El camino largo

Don Chuy maneja de noche sin quejarse ni un reproche, lleva carga hasta Sonora y maneja hasta la aurora. La huesuda se subió y de copiloto habló: -Ya me llevo tu equipaje y también todo el garaje. Don Chuy le sirvió café y le dijo: -Espere usté, aún me falta esa entrega y una carga que no llega. Y la flaca se acomodó, y en la litera roncó. Desde entonces lo acompaña, y el volante ya la extraña.

El nombre pintado

Su troca lleva pintado un buen nombre bien plantado: -La Reina del Occidente-, que es su esposa, su teniente. La calaca, muy formal, le pidió el papel legal, pero él dijo: -No me voy, que esta troca es lo que soy. La muerte leyó el letrero y aflojó todito el cuero: -Si te llevo, quién le canta a la reina que te aguanta. Le firmó un permiso nuevo y le dijo: -No me atrevo. Se bajó por la banqueta dejando la ruta abierta.

En la caseta

Se paró en una caseta don Beto con su carreta, y en la ventana asomada la muerte estaba sentada. -Son cien pesos el pasaje, y le cobro el equipaje. Don Beto pagó completo, con su cambio y su boleto, pero pidió su factura porque la empresa es muy dura. La flaca buscó un recibo y se quedó sin motivo. Don Beto arrancó su troca: -Sin factura no se toca. Y la muerte, en la caseta, se quedó con su libreta.

Café de las tres

A las tres de la mañana, para un café en la ventana, don Nico baja a estirarse y en la barra acomodarse. La huesuda, de mesera, le sirvió taza tercera: -Este es cortesía mía, y con él se va su día. Don Nico se lo tomó y otro más se le pidió: -Si el café me va a matar, que me deje terminar. La flaca se sentó al lado con el pan recién tostado, y entre plática y tostada se le fue la madrugada.

La Virgen del tablero

En el tablero, colgada, la Virgen va bien cuidada, con su foco parpadeando y un rosario ahí colgando. Se subió la muy calaca con su lista y su matraca, pero al ver a la Señora se quedó como a deshora. -Con permiso, dijo quedo, que aquí llevarlo no puedo. Y el chofer, agradecido, le rezó por lo ocurrido. Y ahora en cada bajada, con la troca bien cargada, va la muerte de rodillas pidiendo por las orillas.

El compañero de ruta

Van dos trocas en hilera, una atrás y otra primera; si una falla en el camino, la otra para y hace el guiño. Se le apagó a don Ramiro el motor en un suspiro, y llegó la calaquita con su grúa muy bonita. Pero atrás venía el Chema y arregló todo el problema: un cable, un jalón, un grito, y arrancó como bendito. La huesuda, sin trabajo, se regresó para abajo, porque aquí nadie se raja y el que puede, siempre baja.

Llegar a casa

Doce días de camino y por fin llegó Faustino, con su troca bien lavada y la casa iluminada. En la puerta, su Rosita, y en sus brazos, la chiquita; y detrás, con su rebozo, la calaca, sin reposo. -Ya vengo a cobrar el viaje, dijo, alzando su equipaje. Y Faustino, sin soltarla, contestó: -Deja abrazarla. La muerte guardó su lista y se fue como turista, porque un hombre que ha llegado no se va tan apurado.

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