Calaveritas literarias para Adrián

A Adrián se le conoce por el balón, por la familia y por el trabajo que sea. La huesuda lo ha buscado en la cancha, en la taquería, en el taller y hasta en el camión, y siempre termina saliendo con las manos vacías. Aquí van calaveritas para todos los Adrianes.

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Adrián en el recreo

Adrián juega en el recreo y la flaca dijo: -Creo que hoy me llevo al portero, me lo cargo el mes entero. Adrián le prestó un balón y la retó a un partidón; la calaca se cansó, y en el pasto se sentó. Perdió cinco a cero al fin, y brincó cual chapulín; se llevó solo el sudor y la copa de valor.

Adrián, mi hermano

Adrián, mi hermano mayor, me enseñó a tener valor; me llevaba de la mano por el patio y por el llano. Vino la flaca a buscarlo y yo dije: -Ni tocarlo, que sin él no soy quien soy, y sin él ya no me voy. La calaca lo pensó y en la mesa se sentó; hoy Adrián le sirve el pan y comparten sin afán.

Adrián y su taquiza

Adrián sirve la taquiza con su buena longaniza; llegó la huesuda al rato y pidió taco de pato. Le sirvió con harto chile y le dijo: -Que desfile; la calaca se ahogó y tres litros se tomó. Se olvidó de su encomienda y hoy atiende ahí la tienda; pica el cilantro y la col desde que se puso el sol.

Adrián y el motor

Adrián arregla motores con aceite y con sudores; vino la flaca en carcacha con el cofre hecho garnacha. Le cambió cuatro balatas, dos bujías y unas latas; cuando quiso ella arrancar, la cuenta la hizo llorar. No traía ni un centavo y se quedó de su esclavo; barre el taller sin chistar y hasta aprendió a soldar.

Adrián al volante

Adrián maneja el camión de la ruta al panteón; se subió doña Catrina sin pagar ni la propina. Adrián le cobró el pasaje y le dijo: -Sin coraje; aquí nadie sube en balde, ni la flaca, aunque se enfade. Pagó con hueso de vaca y con toda su matraca; la bajó en la terminal y hoy se va a pie, ni tan mal.

Adrián el barbero

Adrián corta y da copete con navaja y con machete; entró la flaca al local a pedir un corte igual. Adrián la sentó en la silla y le puso una toquilla; la peinó de raya en medio sin cabello ni remedio. Le cobró como si nada, y la flaca, ya apenada, dejó su guadaña en prenda y hoy Adrián rasura y venda.

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