Calaveritas para cajeras y cajeros

La fila que no baja, el código que no pasa y el cliente que quiere pagar con billete de mil. Aquí la Catrina se forma como todos y descubre que la caja tiene sus reglas. Van con cariño para quienes cobran de pie toda la jornada y todavía sonríen.

¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con el nombre y los detalles que tú quieras.

La fila

La huesuda se formó en la caja de Mariana; y la fila la alcanzó hasta la semana siguiente, muy ufana.

El código rebelde

Pasaba Karla el escáner y el chayote no marcaba; lo intentó como diez veces y la máquina callaba. Llegó la muerte impaciente reclamando su lugar; y se fue definitivamente sin poder ni preguntar.

Doña Chelo y el cambio

Doña Chelo en la registradora lleva veinte años cobrando; sabe el precio a cualquier hora y el cambio va calculando. Llegó la flaca a pagar con un billete de mil; quería ver si iba a fallar la cuenta de aquel perfil. Doña Chelo, sin papel, le soltó los mil trescientos; de memoria y muy fiel, sin dudarlo ni un momento. La calaca, boquiabierta, guardó todo en su morral; y salió por esa puerta diciendo: -Eres genial.

La quincena

Llegó el quince y la tormenta de carritos hasta el fondo; y la tienda se calienta como caldo en el redondo. Se formó la Catrinita con dos sopas y un jabón; y esperó su cajerita en la línea del rincón. Dos horas hizo la pobre entre gritos y bebés; y al llegar, no le dio cobre, nomás dijo: -Otra vez. Se llevó nomás la cuenta y se fue medio mareada; reconoció, muy contenta, que esa chamba es aguantada.

El cajero Cuau

Cuauhtémoc en su cajita saludaba a cada quien; con su risa muy bonita y su -Buenas tardes, bien. Entró la muerte con prisa escondiendo su guadaña; él le regaló sonrisa y le preguntó por la maña. La flaca se destanteó con tantita cortesía; su discurso se olvidó y le dio los buenos días. Hoy va cada fin de mes nomás para saludarlo; y se lleva, alguna vez, un chicle y ganas de hablarlo.

Se cayó el sistema

Se cayó todo el sistema un domingo por la tarde; y se armó la mera crema con la fila que ya arde. La pelona, en su terminal, no podía ni cobrar; se le trabó el arsenal y no supo qué apretar. Gabriela sacó libreta, lápiz, calculadora; y cobró con su receta como en tiempos de la abuela. La calaca aplaudió el modo de salvar aquel desastre; y dijo: -Aquí sabes todo, yo mejor busco otro engarce.

Cierre de caja

A las diez cierran la tienda y se cuadran los billetes; cada peso en su contienda, cada arqueo y sus paquetes. Llegó la flaca a contar y le sobró un tostón; se lo quiso ella quedar como pago a su misión. Marisol la descubrió revisando bien el corte; y sin bronca le pidió que cuadrara aquel reporte. Devolvió la muerte el peso con la risa colorada; y se fue diciendo eso de -Con ellas, nada, nada.

También te puede servir

💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora más calaveritas literarias.