Calaveritas para compañeros de trabajo
La junta que pudo ser un correo, el café que lleva días en la jarra y el héroe de soporte técnico que arregla todo con un apagar y prender: la oficina es una mina de calaveritas. Aquí tienes varias calaveritas para compañeros de trabajo, con rima y humor ligero, ideales para el intercambio de Día de Muertos, el mural de la sala de juntas o el chat del equipo. El tono es de burla cariñosa, así que nadie se va a sentir mal.
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La junta que era un correo
Convocaron a una junta
de una hora y veinte más,
para ver una pregunta
que se aclara en un quizás.
Se coló la muerte flaca
en la silla de la esquina,
y escuchó, con cara opaca,
diez agendas de rutina.
Cuando dieron las seis quince
levantó la voz, sincera:
-Yo me llevo al que convence
de alargar la cosa entera.
Y desde aquel triste día
en aquella compañía
toda junta es un correo
de tres líneas, según leo.
El de soporte técnico
A Ricardo, de soporte,
le pedían el milagro:
arreglar, sin más recorte,
la impresora del estrago.
Se apareció la huesuda
con la lista y el reloj;
él le dijo, sin ayuda:
-Reinicia y regresa hoy.
La calaca lo intentó,
se apagó y volvió a prender;
al volver ya se olvidó
a quién iba a recoger.
Por eso hoy en la oficina
rezan todos con fervor:
que Ricardo no termina
y no muera el servidor.
El café de la oficina
El café de la oficina
tiene fama de mortal:
lo probó doña Catrina
y le supo a funeral.
Se llevó la cafetera
y dejó al personal;
hoy la usa en su trinchera
del panteón municipal.
La contadora Estela
La contadora Estela Ruiz
cuadra todo hasta el centavo:
cada peso, cada anís,
cada gasto y cada clavo.
Fue la muerte a su escritorio
a llevarse su papel;
le pidió, sin gran jolgorio,
la factura y el nivel.
La huesuda no traía
ni acuse ni comprobante;
por lo tanto, todavía
doña Estela sigue adelante.
El de recursos humanos
Don Gilberto, de Recursos,
manda el correo puntual:
recordatorio de cursos
y del código formal.
Se apareció la Catrina
sin gafete ni permiso;
Gilberto, con disciplina,
le pidió firmar el aviso.
Firmó tres formatos ella,
un contrato y un anexo;
hoy la muerte, tan aquella,
tiene código y su nexo.
Pendiente
Ya me voy con la Catrina,
ya me apunta en su papel;
mi pendiente, en la oficina,
que lo cierre don Manuel.
El compañero puntual
Don Efrén, el más puntual,
entra antes que el personal;
prende luces, abre puerta
y despierta al que despierta.
Un buen día, la huesuda
quiso hacerle una visita;
él llegó, sin más ayuda,
media hora antes de la cita.
La esperó tomando té,
revisando su agenda;
y ella dijo: -Volveré
cuando yo lleve la rienda.
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