Calaveritas para compañeros de trabajo

La junta que pudo ser un correo, el café que lleva días en la jarra y el héroe de soporte técnico que arregla todo con un apagar y prender: la oficina es una mina de calaveritas. Aquí tienes varias calaveritas para compañeros de trabajo, con rima y humor ligero, ideales para el intercambio de Día de Muertos, el mural de la sala de juntas o el chat del equipo. El tono es de burla cariñosa, así que nadie se va a sentir mal.

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La junta que era un correo

Convocaron a una junta de una hora y veinte más, para ver una pregunta que se aclara en un quizás. Se coló la muerte flaca en la silla de la esquina, y escuchó, con cara opaca, diez agendas de rutina. Cuando dieron las seis quince levantó la voz, sincera: -Yo me llevo al que convence de alargar la cosa entera. Y desde aquel triste día en aquella compañía toda junta es un correo de tres líneas, según leo.

El de soporte técnico

A Ricardo, de soporte, le pedían el milagro: arreglar, sin más recorte, la impresora del estrago. Se apareció la huesuda con la lista y el reloj; él le dijo, sin ayuda: -Reinicia y regresa hoy. La calaca lo intentó, se apagó y volvió a prender; al volver ya se olvidó a quién iba a recoger. Por eso hoy en la oficina rezan todos con fervor: que Ricardo no termina y no muera el servidor.

El café de la oficina

El café de la oficina tiene fama de mortal: lo probó doña Catrina y le supo a funeral. Se llevó la cafetera y dejó al personal; hoy la usa en su trinchera del panteón municipal.

La contadora Estela

La contadora Estela Ruiz cuadra todo hasta el centavo: cada peso, cada anís, cada gasto y cada clavo. Fue la muerte a su escritorio a llevarse su papel; le pidió, sin gran jolgorio, la factura y el nivel. La huesuda no traía ni acuse ni comprobante; por lo tanto, todavía doña Estela sigue adelante.

El de recursos humanos

Don Gilberto, de Recursos, manda el correo puntual: recordatorio de cursos y del código formal. Se apareció la Catrina sin gafete ni permiso; Gilberto, con disciplina, le pidió firmar el aviso. Firmó tres formatos ella, un contrato y un anexo; hoy la muerte, tan aquella, tiene código y su nexo.

Pendiente

Ya me voy con la Catrina, ya me apunta en su papel; mi pendiente, en la oficina, que lo cierre don Manuel.

El compañero puntual

Don Efrén, el más puntual, entra antes que el personal; prende luces, abre puerta y despierta al que despierta. Un buen día, la huesuda quiso hacerle una visita; él llegó, sin más ayuda, media hora antes de la cita. La esperó tomando té, revisando su agenda; y ella dijo: -Volveré cuando yo lleve la rienda.

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