Calaveritas literarias de la Catrina

La Catrina es la muerte vestida de señora fina: sombrero enorme con plumas, boa al cuello, guantes largos y esa sonrisa de hueso que no se le quita nunca. Es la figura más reconocible del Día de Muertos y la que casi siempre protagoniza las calaveritas literarias. Cuando en un verso alguien viene a llevarse al homenajeado, lo más probable es que sea ella.

Nació como grabado. José Guadalupe Posada la dibujó a principios del siglo XX con el nombre de Calavera Garbancera, una burla contra quienes vendían garbanzo y renegaban de su origen indígena para presumir modales y ropa de europea. En el grabado original solo se ve la cabeza y el sombrerote: ni cuerpo, ni vestido, ni joyas. La broma era clarísima, porque por muchas plumas que te pongas, debajo todos somos el mismo hueso.

El nombre se lo puso Diego Rivera años después. En su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central la pintó de cuerpo entero, con vestido largo y estola de serpiente emplumada, tomada de la mano de un Diego niño y del brazo del propio Posada. Ahí quedó bautizada como La Catrina, y así se le conoce desde entonces, en los altares, en los desfiles y en los concursos de disfraz de las escuelas.

En las calaveritas funciona como una vecina más: llega con su lista, toca la puerta, se distrae con la comida, se enamora, se cansa y muchas veces se va con las manos vacías. Por eso escribirle a la Catrina es tan agradecido, porque se le puede dar cualquier carácter, presumida, coqueta, burlona o pesada, y el verso siempre agarra chiste. Estos ejemplos la ponen a ella de protagonista, no de simple recolectora.

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La más presumida del panteón

La Catrina se peinaba con espejo de cristal, y a los muertos les gritaba que ninguno era su igual. Presumía su sombrero, su boa y su gran vestido, y decía al mundo entero que ni el sol iba lucido. Se topó con doña Rita, que traía un buen rebozo, y la muerte, ya marchita, se metió sola a su pozo.

La coqueta del velorio

La Catrina se pintó la boca de rojo fuerte, y al barrio se le lanzó buscando novio de muerte. Le guiñó el ojo a don Luis, y él le dijo, sin temblor: -Muy bonita, pero gris. Y ella se fue sin color.

La Catrina se cansó

Ya la flaca anda cansada, de tanta lista cargada, y anda con huesos molidos y los pies bien resentidos. Se sentó en una banqueta y sacó su libretita, y al mirar cuántos faltaban hasta los dedos temblaban. -Ya no puedo, ya no puedo, se quejó, muerta de miedo, porque la lista de este año le salió de otro tamaño. Se durmió sobre una tumba, soñando con una rumba, y despertó en el enero sin llevarse ni al portero.

Tacón alto, trabajo lento

De vestido hasta los pies, con encaje y con listón, la Catrina, como ves, no camina, hace función. Llega tarde a los velorios nomás para que la vean, y se apunta en los jolgorios donde todos la rodean. Le avisaron: -Ya te toca ir por Pancho, el del taller. Contestó, tapando boca: -Con tacón no sé correr. Se quedó Pancho soldando, sin saber de su fortuna, y la muerte, ahí posando, se retrató con la luna.

La burlona se rio de más

La Catrina es bien burlona, y anda con su gran corona, se le ríe hasta al doctor y al que llora sin dolor. Se metió en un funeral y le dijo al principal: -Qué bonito lo enterraron, lástima que se apuraron. Fue al velorio de Simón, y se echó su buen jamón, y en lugar de dar pesar se quedó a puro bailar. Ya de salida, en la puerta, se encontró la lista abierta: el primer nombre anotado era el suyo, bien marcado.

La chismosa del panteón

La Catrina, en la esquinita, se queda bien calladita, y oye todo lo que pasa pa' contarlo en cada casa. Ya sabía quién debía, quién robaba y quién mentía, y de tanto averiguar se olvidó de a quién llevar.

La Catrina y las fotos

En el desfile de octubre se aparece la señora, y con su boa se cubre y la gente ahí la adora. Le sacan mil fotos, mil, desde todos los balcones, y ella pone su perfil y presume sus listones. Tanto quiso figurar que olvidó a quién se llevaba, y en lugar de trabajar nomás vio cómo quedaba. Se fue el uno sin difunto, y el dos, con el mismo cuento, pero salió en cada punto de la foto del momento.

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