Calaveritas para campesinos y agricultores

En el campo se madruga sin reloj y se le pide permiso al cielo antes de sembrar. Aquí van unas calaveritas para los que trabajan la milpa, esperan la lluvia y levantan la cosecha con las manos. Van con respeto para el que da de comer a todos y casi nunca sale en la foto.

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La milpa de don Chon

Sembró don Chon su semilla en la loma de la orilla; y la muerte alzó su hoz y le dijo con su voz: -Ya me llevo tu cosecha y la troje que está hecha. Don Chon dijo: -Está muy verde, vuelva usted cuando se acuerde.

La lluvia

Tres semanas sin llover y la milpa sin crecer; don Fidel reza y espera que le llueva en su ladera. Se apareció la calaca con su jarra y su petaca; -Yo te vendo el aguacero si me firmas un letrero. Don Fidel le contestó: -Ni mi tierra vendo yo; lo que caiga, que Dios mande, que aquí nadie se desmande. Esa noche se soltó un chubasco que mojó; y la muerte, hecha una sopa, se fue a secar bien su ropa.

El tractor

El tractor de don Ramón lleva un año sin motor; lo empujan entre los tres y camina del revés. Vino la muerte a arriarlo y no supo ni arrancarlo; se bajó toda enlodada y se fue a pie, y sin nada.

La cosecha

Ya está el grano en el maizal y ya hay que ir a cosechar; la familia entera va al surco que ahí está. Fue la muerte a cosechar con su costal y su afán; pero el sol le dio en el hueso y perdió todito el peso. A las cinco ya no daba y en la sombra descansaba; don Prócoro le llevó agua fresca y la salvó. Terminaron la jornada con la troje bien colmada; y la flaca, ya rendida, se llevó nomás comida.

El último surco

Don Rutilio con su yunta abren surco sin pregunta; ochenta años y ahí sigue sin que nadie lo fatigue. Y la muerte lo esperaba en la sombra que quedaba; -Ya trabajó lo bastante, ya descanse, caminante. Don Rutilio respondió sin soltar lo que agarró: -Falta un surco por abrir y después ya me puedo ir. Abrió el surco muy derecho y se sentó satisfecho; y la muerte, con respeto, se aguantó, y guardó el boleto.

El espantapájaros

Hay un muñeco de trapo con sombrero y con harapo; cuida el maíz de los cuervos con sus brazos y sus nervios. Llegó la muerte una noche sin su carro y sin su coche; y al mirar aquel muñeco pegó un grito ronco y seco. Se corrió por todo el llano sin sombrero y sin su mano; y el muñeco, sin moverse, siguió ahí, sin conmoverse. Ya la muerte no regresa ni por toda la promesa; y don Chon, muy divertido, le puso traje lucido.

El elote asado

Se asa el elote en la brasa y el olor llena la casa; llegó la muerte al fogón con el hambre de un camión. Doña Petra le sirvió un buen elote que asó; con su crema y su limón, chile, queso y su sazón. Se comió lo que quería y hasta el postre repetía; al final, ya con la panza, no le quedó ni esperanza. -Ya no puedo ni cargar a los muertos, ni jalar; mejor vuelvo en la otra fiesta y me duermo aquí la siesta.

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