Calaveritas para carteros y repartidores de correo
El cartero se sabe la colonia de memoria: los nombres, los timbres y hasta cuál perro sale primero. Aquí van unas calaveritas para los que caminan la ruta llueva o truene y entregan lo que a veces tardó años en llegar. Van con cariño para el que toca la puerta y deja buenas noticias.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
La ruta
Don Silvano va en su ruta
sin descanso ni disputa;
lleva cartas, lleva avisos
y unos cuantos compromisos.
La calaca lo siguió
y a la vuelta lo perdió;
que el cartero, en su jornada,
no se para casi en nada.
El perro de la esquina
En la casa del rincón
hay un perro sin razón;
persiguió a don Nicolás
y no lo deja jamás.
Fue la muerte a defenderlo
y hasta el can quiso comerlo;
le arrancó todo el vestido
y un huesito consentido.
Y la calaca, sin hueso,
le rogaba: -Ya suelta eso;
y el cartero, muy amable,
lo llamó, y el can fue amable.
Le entregó su tibia entera
y quedaron de manera
que el cartero pasa en paz
y la muerte, por detrás.
La carta perdida
Una carta de Sonora
anduvo perdida una hora;
diez inviernos en cajón
y por fin llegó al buzón.
La leyó doña Ramona
y soltó una lagrimona;
y la flaca, paradita,
lloró un poco, una tantita.
La lluvia en la ruta
Se soltó ya el aguacero
y no había ni un sombrero;
don Trini tapó el correo
con su cuerpo, sin rodeo.
Llegó al portón empapado
y entregó todo sellado;
ni una carta se mojó
aunque el pobre se enfermó.
Lo esperaba la calaca
con su té y con su petaca;
-Ya te vi, ya te enfermaste,
ya con esto te acabaste.
Don Trini tomó su té
y le convidó café;
y otro día ya salió
con su bolsa, y se curó.
El repartidor de paquetes
Toca el timbre don Joaquín
con paquetes hasta el fin;
sube y baja los seis pisos
con sus cajas y permisos.
La calaca lo alcanzó
y en el cuarto piso habló:
-Ya descansa, ven pa'cá,
que este edificio no da.
Don Joaquín le dio un paquete
y le dijo: -Firme el siete;
la calaca no sabía
y en la firma se perdía.
Mientras tanto, don Joaquín
ya acabó, y se fue al jardín;
y la muerte, con la pluma,
se quedó firmando, en suma.
El cartero del pueblo
Don Vicente, ya con canas,
reparte por las mañanas;
se sabe todos los nombres
y las penas de los hombres.
Cuando llega alguna carta
de algún hijo que se aparta,
la entrega en su propia mano
y se queda un rato, ufano.
Fue la muerte a su ventana
un domingo, de mañana;
-Ya descansa, buen Vicente,
deja el bolso finalmente.
Don Vicente, con su calma,
le contesta y no se alarma:
-Falta un sobre por llevar
y una abuela por besar.
El buzón de noviembre
En noviembre, en el correo,
hay un buzón grande y feo
donde dejan las postales
que se mandan los mortales.
Don Andrés las va juntando
y en la noche va rezando;
las coloca en el altar
con un pan y su cantar.
Llegó la muerte a leerlas
y no supo ni entenderlas;
tanto cariño en papel
que lloró sobre el clavel.
Se llevó nomás las flores
y dejó los sinsabores;
y le dijo a don Andrés:
-Sigue tú, que yo después.
💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora
más calaveritas literarias.