Calaveritas literarias decoradas

Quien busca calaveritas decoradas casi siempre trae dos encargos: el verso y la manera de presentarlo bonito en la libreta o en la cartulina. Aquí van los dos, primero las ideas para adornar la hoja y luego los versos, escogidos porque se ven bien enmarcados y rematan con gracia.

El marco de papel picado es el adorno que más rinde. Dobla una tira de papel china en acordeón, recórtale grecas con la tijera, ábrela y pégala por la orilla de la hoja. Con dos colores encontrados, morado y naranja, la página ya se ve de fiesta antes de escribir una sola letra.

Las flores de cempasúchil en las esquinas se dibujan en un minuto: un círculo naranja, pétalos cortos alrededor y un punto café al centro. Van bien en las cuatro esquinas o nada más en dos, en diagonal, para que la hoja no se sature. Si tienes plumón amarillo, sombrea un lado de cada flor y quedan con volumen.

La Catrina luce mejor a un costado del texto que arriba. Dibújala de perfil en la columna izquierda, con el sombrero grande y flores en el ala, y deja que el verso corra a su derecha. En las esquinas de abajo caben dos calaveritas de azúcar: óvalos blancos con espirales de colores en la frente y florecitas en las cuencas.

Para el fondo de papel envejecido, moja una bolita de algodón en café frío y pásala por toda la hoja sin encharcarla; déjala secar plana debajo de unos libros para que no se ondule. Sobre ese fondo, la letra de molde con tinta de color se lee de lejos, y si le repasas el contorno con plumón negro cada palabra se ve recortada.

Antes de nada, marca con lápiz un margen de dos dedos por los cuatro lados y no lo invadas: ese hueco es el que le da aire al dibujo para que el verso no se lo coma. Y el consejo que salva la hoja: escribe primero el verso a lápiz, revisa que te quepa completo, y decora hasta el final. Al revés siempre falta espacio y uno termina apretando las últimas líneas.

No hace falta comprar mucho. Con cartulina, plumones, papel china y tantita diamantina sale un trabajo que se ve. La diamantina úsala al último y con medida, nada más en el contorno de las flores o en el sombrero de la Catrina, porque si se pasa se pega en todo el cuaderno.

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Con papel picado

Te escribí esta calavera con papel picado y flor; la Catrina, tan ratera, hoy la trae de bastidor.

El retrato que se movió

Yo dibujé a la Catrina en la orilla del cuaderno; con sombrero, muy ladina, y un vestido de invierno. Tanto le gustó el retrato que se me salió de la hoja; hoy me pide a cada rato que la pinte de más roja.

La cartulina

En la cartulina grande puse flores de color; la Catrina dijo: - Mande, préstemela, por favor.

La libreta de Rosita

Rosita sacó el pincel, la acuarela y el papel; trazó un marco de colores y en la orilla puso flores. Llegó la flaca a mirar, y hasta se quiso quedar; - Qué bonita te quedó, ¿me la firmas? - preguntó. La flaquita, muy formal, lo colgó en su altar central; hoy Rosita, la pintora, le decora a la señora.

Cempasúchil en las esquinas

Puse una franja de flores por la orilla del papel; cempasúchil, mil colores, con un poco de pincel. La flaquita se asomó por la vuelta del renglón; tanto el ramo le gustó que olvidó hasta su misión.

La Catrina de perfil

La dibujé de perfil, con su sombrero gentil; le puse encaje y listón y un ramo en el bastón. Se quedó tan orgullosa que ya no volvió a su fosa; hoy presume en mi libreta su sombrero y su paleta.

Marco de papel de china

Recorté papel de china para hacerle su marquito; la huesuda vio la esquina y me pidió otro poquito. Le pinté una calavera de azúcar en cada lado; la Catrina, tan sincera, me firmó lo dibujado.

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