Calaveritas literarias para Alejandra
Alejandra, o Ale para quienes la quieren, tiene fama de resolverlo todo, hasta las visitas de la huesuda. Estos versos van para dedicarle en el salón, en la oficina o junto a las velas del altar.
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Alejandra y las sumas
Alejandra suma y resta
con sus dedos y frijoles;
la tarea no le cuesta
ni contar los caracoles.
Una flaca chaparrita
se paró en el pizarrón:
-No me sale la restita
y no entiendo la lección.
Alejandra le explicó
con manzanas de colores,
y la flaca al fin sumó
sus costillas y sus flores.
Sacó diez en el examen
la calaca presumida,
y ya quiere que la llamen
la maestra de por vida.
Ale, madre bonita
Ale, mi madre bonita,
la de la sopa amarilla,
la que cura y resucita
con un té de manzanilla.
Cuando venga la Catrina
a tocar por la ventana,
le daré pan de mi harina
y un mandado a la mañana.
Que se quede si le gusta
a picar en el fogón,
pero a ti nada te asusta
ni la muerte en tu sazón.
Quédate a mandar la casa
muchos años, madre mía,
que sin ti nada se amasa
ni amanece el mediodía.
La abogada Alejandra
Alejandra alega y gana
cualquier juicio que le den;
con su código y su gana
no la tumba ni el desdén.
La Catrina demandó
por un plazo ya vencido:
-Su clientela se acabó
y su tiempo está cumplido.
Alejandra abrió su tomo
y le habló como quien sabe;
le probó, con mucho aplomo,
que aquel acta no era grave.
Perdió el caso la Catrina
por no traer sus papeles,
y le firmó en una esquina
cien años más, con laureles.
Ale la repostera
Ale bate su merengue
con azúcar y con arte;
no hay pastel que se le vengue
ni betún que se le aparte.
Fue la flaca a hacer pedido
pa su fiesta de difuntos:
-Quiero un pastel bien crecido
con tres pisos muy bien juntos.
Ale le hizo un pastelote
de tres leches y de fresa,
con su vela y su listote
y una flor sobre la mesa.
La Catrina se empachó
de tres pisos y un bocado;
del empacho se olvidó
a quién tenía apuntado.
Ale y la casa en venta
Alejandra vende casas
y consigue buen contrato;
si le pides, no te atrasas,
y te la entrega en un rato.
La Catrina fue a buscarle
una casa con jardín:
-Quiero un sitio, sin negarle,
con dos cuartos y un cojín.
Ale le mostró un cuartito
con su vista al camposanto,
con cocina y patiecito
y una cruz de puro canto.
Tanto le gustó a la flaca
que firmó sin ver el trato,
y hoy que paga letra y placa
no le sobra ya ni un rato.
Ale, la jefa de la oficina
Alejandra manda todo
en la oficina del centro;
y pone orden a su modo
y no deja nada adentro.
La Catrina fue a la junta
con su lista bajo el brazo:
-Traigo aquí una pregunta
y también un nuevo plazo.
Ale le pidió el reporte
y una junta programada;
y la flaca perdió el norte
en la fila de la entrada.
Le pusieron un horario,
un gafete y credencial,
y hoy le pagan su salario
y no sale del local.
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