Calaveritas literarias para Alejandra

Alejandra, o Ale para quienes la quieren, tiene fama de resolverlo todo, hasta las visitas de la huesuda. Estos versos van para dedicarle en el salón, en la oficina o junto a las velas del altar.

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Alejandra y las sumas

Alejandra suma y resta con sus dedos y frijoles; la tarea no le cuesta ni contar los caracoles. Una flaca chaparrita se paró en el pizarrón: -No me sale la restita y no entiendo la lección. Alejandra le explicó con manzanas de colores, y la flaca al fin sumó sus costillas y sus flores. Sacó diez en el examen la calaca presumida, y ya quiere que la llamen la maestra de por vida.

Ale, madre bonita

Ale, mi madre bonita, la de la sopa amarilla, la que cura y resucita con un té de manzanilla. Cuando venga la Catrina a tocar por la ventana, le daré pan de mi harina y un mandado a la mañana. Que se quede si le gusta a picar en el fogón, pero a ti nada te asusta ni la muerte en tu sazón. Quédate a mandar la casa muchos años, madre mía, que sin ti nada se amasa ni amanece el mediodía.

La abogada Alejandra

Alejandra alega y gana cualquier juicio que le den; con su código y su gana no la tumba ni el desdén. La Catrina demandó por un plazo ya vencido: -Su clientela se acabó y su tiempo está cumplido. Alejandra abrió su tomo y le habló como quien sabe; le probó, con mucho aplomo, que aquel acta no era grave. Perdió el caso la Catrina por no traer sus papeles, y le firmó en una esquina cien años más, con laureles.

Ale la repostera

Ale bate su merengue con azúcar y con arte; no hay pastel que se le vengue ni betún que se le aparte. Fue la flaca a hacer pedido pa su fiesta de difuntos: -Quiero un pastel bien crecido con tres pisos muy bien juntos. Ale le hizo un pastelote de tres leches y de fresa, con su vela y su listote y una flor sobre la mesa. La Catrina se empachó de tres pisos y un bocado; del empacho se olvidó a quién tenía apuntado.

Ale y la casa en venta

Alejandra vende casas y consigue buen contrato; si le pides, no te atrasas, y te la entrega en un rato. La Catrina fue a buscarle una casa con jardín: -Quiero un sitio, sin negarle, con dos cuartos y un cojín. Ale le mostró un cuartito con su vista al camposanto, con cocina y patiecito y una cruz de puro canto. Tanto le gustó a la flaca que firmó sin ver el trato, y hoy que paga letra y placa no le sobra ya ni un rato.

Ale, la jefa de la oficina

Alejandra manda todo en la oficina del centro; y pone orden a su modo y no deja nada adentro. La Catrina fue a la junta con su lista bajo el brazo: -Traigo aquí una pregunta y también un nuevo plazo. Ale le pidió el reporte y una junta programada; y la flaca perdió el norte en la fila de la entrada. Le pusieron un horario, un gafete y credencial, y hoy le pagan su salario y no sale del local.

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