Calaveritas para estudiantes
En la escuela la muerte anda de visita entre pupitres, cafés fríos y tareas entregadas a última hora. Aquí desfilan el desvelado, la matada, el que copia y hasta el eterno tesista que nunca se titula. Perfectas para leerlas en clase, en el periódico mural o en el grupo del salón.
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El desvelado
Estudió toda la noche
sin dormirse ni un ratito;
la muerte llegó en un coche
justo al ir por el escrito.
La calaca lo despierta
con un: - Ya se te hizo tarde.
Él corrió con la hoja abierta
y pasó de puro alarde.
Fernanda, la matada
Fernanda se saca dieces
sin copiarle ni a su hermana;
estudia hasta trece veces
y repasa en la mañana.
Vino la muerte a llevarla
y Fernanda preguntó:
- ¿Qué viene? Voy a estudiarla.
Y la flaca se rajó.
Beto el copión
Beto nunca abrió un cuaderno
pero siempre iba pasando;
con su truco sempiterno
se sentaba, vigilando.
La maestra lo cachó
copiando en el escritorio;
pero Beto se salvó
con un cuento obligatorio.
Llegó la flaca al salón
con su lista de difuntos;
Beto, sin explicación,
le copió todos los puntos.
Se llevó a otro por error
porque Beto le cambió;
y hoy la flaca, con rencor,
revisa lo que apuntó.
El prepo Emiliano
Emiliano va a la prepa
más por verse con los cuates;
aunque el álgebra no sepa,
se la sabe en los debates.
La calaca fue a buscarlo
justo a la hora del recreo;
pero no pudo agarrarlo:
andaba en pleno torneo.
Se cansó de perseguirlo
por la escuela y su portero;
hoy la flaca, sin seguirlo,
lo apuntó para febrero.
La tesis de Rebeca
Rebeca lleva seis años
batallando con su tema;
cambia títulos, tamaños,
y no acaba ni el esquema.
Su asesor ya se jubila,
su mamá ya se cansó;
y la impresora hace fila
con lo poco que imprimió.
Vino la muerte a apurarla
con su guadaña afilada;
y Rebeca fue a citarla
en su nota bien citada.
La flaca quedó encantada
de salir en un renglón;
le dio prórroga sagrada
hasta la titulación.
Nicolás y la sopa de vaso
Come sopa de vasito
lunes, martes y también;
Nicolás, el pobrecito,
come poco y duerme bien.
Llegó la muerte una noche
buscando qué merendar;
y le dio, sin más derroche,
su sopita sin salar.
La calaca la probó
y le supo a puro llanto;
desde entonces le mandó
despensa cada entretanto.
La exposición de Sofía
A Sofía le tocó
exponer sin haber leído;
su equipo la abandonó
y el cañón salió fundido.
Se paró frente al salón
y se echó puro rollito;
la calaca, de mirón,
le aplaudió con un gritito.
- Te sacabas un buen diez
si leyeras el temario.
Y se fue por esta vez
a buscar en otro horario.
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