Calaveritas para estudiantes

En la escuela la muerte anda de visita entre pupitres, cafés fríos y tareas entregadas a última hora. Aquí desfilan el desvelado, la matada, el que copia y hasta el eterno tesista que nunca se titula. Perfectas para leerlas en clase, en el periódico mural o en el grupo del salón.

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El desvelado

Estudió toda la noche sin dormirse ni un ratito; la muerte llegó en un coche justo al ir por el escrito. La calaca lo despierta con un: - Ya se te hizo tarde. Él corrió con la hoja abierta y pasó de puro alarde.

Fernanda, la matada

Fernanda se saca dieces sin copiarle ni a su hermana; estudia hasta trece veces y repasa en la mañana. Vino la muerte a llevarla y Fernanda preguntó: - ¿Qué viene? Voy a estudiarla. Y la flaca se rajó.

Beto el copión

Beto nunca abrió un cuaderno pero siempre iba pasando; con su truco sempiterno se sentaba, vigilando. La maestra lo cachó copiando en el escritorio; pero Beto se salvó con un cuento obligatorio. Llegó la flaca al salón con su lista de difuntos; Beto, sin explicación, le copió todos los puntos. Se llevó a otro por error porque Beto le cambió; y hoy la flaca, con rencor, revisa lo que apuntó.

El prepo Emiliano

Emiliano va a la prepa más por verse con los cuates; aunque el álgebra no sepa, se la sabe en los debates. La calaca fue a buscarlo justo a la hora del recreo; pero no pudo agarrarlo: andaba en pleno torneo. Se cansó de perseguirlo por la escuela y su portero; hoy la flaca, sin seguirlo, lo apuntó para febrero.

La tesis de Rebeca

Rebeca lleva seis años batallando con su tema; cambia títulos, tamaños, y no acaba ni el esquema. Su asesor ya se jubila, su mamá ya se cansó; y la impresora hace fila con lo poco que imprimió. Vino la muerte a apurarla con su guadaña afilada; y Rebeca fue a citarla en su nota bien citada. La flaca quedó encantada de salir en un renglón; le dio prórroga sagrada hasta la titulación.

Nicolás y la sopa de vaso

Come sopa de vasito lunes, martes y también; Nicolás, el pobrecito, come poco y duerme bien. Llegó la muerte una noche buscando qué merendar; y le dio, sin más derroche, su sopita sin salar. La calaca la probó y le supo a puro llanto; desde entonces le mandó despensa cada entretanto.

La exposición de Sofía

A Sofía le tocó exponer sin haber leído; su equipo la abandonó y el cañón salió fundido. Se paró frente al salón y se echó puro rollito; la calaca, de mirón, le aplaudió con un gritito. - Te sacabas un buen diez si leyeras el temario. Y se fue por esta vez a buscar en otro horario.

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