Calaveritas para godínez y oficinistas

El godín tiene su propia mitología: el tupper que huele a media oficina, la quincena que dura poquito y esa junta que siempre cae cuando ya te ibas. Aquí la muerte se mete al cubículo, hace fila en el microondas y descubre que la vida de oficina también se le complica. Ideales para leerlas en el grupo del trabajo.

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La fila del microondas

En la fila del microondas se formó Marisolita con su tupper y sus rondas de arrocito y sopa frita. La calaca se formó detrás, con su plato frío; Marisol se lo calentó y hoy comen juntas, con brío.

El checador de don Efrén

Don Efrén checó a las nueve y salió a las nueve y diez; la calaca, que no bebe, lo checó por esta vez. Se lo llevó de volada sin dejarlo ni checar; y en la nómina sagrada todavía han de cobrar.

La junta de las cinco

Convocaron una junta a las cinco de la tarde; nadie pregunta ni apunta porque ya el godínez arde. Llegó la muerte a la junta con su lista y su café; se sentó, sacó su punta y esperó sin saber qué. Pasó una hora de rodeo sin llegar a lo importante; la calaca, sin recreo, bostezaba a cada instante. Cuando al fin dijeron: - Cierro, ya la muerte se había ido; prefirió otro buen entierro que aguantar tanto aburrido.

La quincena de Chuy

Llega el quince y Chuy se siente millonario por un rato; paga todo lo pendiente y le queda para el gato. Para el veinte ya no hay nada, puro sobre de sopita; y su tarjeta cansada ya no aguanta ni una cita. Y llegó por él la muerte un veintiocho sin aviso; - Espérame, mala suerte, que hasta el quince no hay permiso. La calaca, muy paciente, se esperó hasta la quincena; Chuy cobró y quedó sonriente, le pagó a la muerte cena.

El lunes de Rigoberto

El lunes le cae al Rigo como plancha en la cabeza; se levanta y va consigo puro sueño y su tristeza. Y la muerte lo esperaba en la fila del camión; con su lista lo llamaba para darle vacación. Se lo llevó la calaca al panteón de mañana; Rigo duerme en una hamaca y no suena la campana.

Copia a todos

Doña Eva manda correos con copia a todo el planeta; van sus ruegos y deseos en la bandeja repleta. Un buen día entró un mensaje sin adjuntos ni señal; era la muerte, de viaje, con su copia general. Y doña Eva, muy ligera, el correo reenvió; y la muerte, que es certera, se llevó al que respondió. Hoy en esa gran oficina nadie contesta un correo; todos borran, y Catrina se quedó sin su recreo.

El café del garrafón

El café de la oficina sabe a agua con carbón; pero Beto lo domina y se toma un garrafón. La Catrina lo probó en la sala de descanso; del sustito que llevó no ha tenido ni un remanso. Ya no vuelve por la torre ni siquiera a la salida; dice que ese olor la corre más rápido que la vida.

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