Calaveritas para godínez y oficinistas
El godín tiene su propia mitología: el tupper que huele a media oficina, la quincena que dura poquito y esa junta que siempre cae cuando ya te ibas. Aquí la muerte se mete al cubículo, hace fila en el microondas y descubre que la vida de oficina también se le complica. Ideales para leerlas en el grupo del trabajo.
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La fila del microondas
En la fila del microondas
se formó Marisolita
con su tupper y sus rondas
de arrocito y sopa frita.
La calaca se formó
detrás, con su plato frío;
Marisol se lo calentó
y hoy comen juntas, con brío.
El checador de don Efrén
Don Efrén checó a las nueve
y salió a las nueve y diez;
la calaca, que no bebe,
lo checó por esta vez.
Se lo llevó de volada
sin dejarlo ni checar;
y en la nómina sagrada
todavía han de cobrar.
La junta de las cinco
Convocaron una junta
a las cinco de la tarde;
nadie pregunta ni apunta
porque ya el godínez arde.
Llegó la muerte a la junta
con su lista y su café;
se sentó, sacó su punta
y esperó sin saber qué.
Pasó una hora de rodeo
sin llegar a lo importante;
la calaca, sin recreo,
bostezaba a cada instante.
Cuando al fin dijeron: - Cierro,
ya la muerte se había ido;
prefirió otro buen entierro
que aguantar tanto aburrido.
La quincena de Chuy
Llega el quince y Chuy se siente
millonario por un rato;
paga todo lo pendiente
y le queda para el gato.
Para el veinte ya no hay nada,
puro sobre de sopita;
y su tarjeta cansada
ya no aguanta ni una cita.
Y llegó por él la muerte
un veintiocho sin aviso;
- Espérame, mala suerte,
que hasta el quince no hay permiso.
La calaca, muy paciente,
se esperó hasta la quincena;
Chuy cobró y quedó sonriente,
le pagó a la muerte cena.
El lunes de Rigoberto
El lunes le cae al Rigo
como plancha en la cabeza;
se levanta y va consigo
puro sueño y su tristeza.
Y la muerte lo esperaba
en la fila del camión;
con su lista lo llamaba
para darle vacación.
Se lo llevó la calaca
al panteón de mañana;
Rigo duerme en una hamaca
y no suena la campana.
Copia a todos
Doña Eva manda correos
con copia a todo el planeta;
van sus ruegos y deseos
en la bandeja repleta.
Un buen día entró un mensaje
sin adjuntos ni señal;
era la muerte, de viaje,
con su copia general.
Y doña Eva, muy ligera,
el correo reenvió;
y la muerte, que es certera,
se llevó al que respondió.
Hoy en esa gran oficina
nadie contesta un correo;
todos borran, y Catrina
se quedó sin su recreo.
El café del garrafón
El café de la oficina
sabe a agua con carbón;
pero Beto lo domina
y se toma un garrafón.
La Catrina lo probó
en la sala de descanso;
del sustito que llevó
no ha tenido ni un remanso.
Ya no vuelve por la torre
ni siquiera a la salida;
dice que ese olor la corre
más rápido que la vida.
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