Calaveritas literarias de 3 estrofas

Tres estrofas de cuatro versos es el largo que más se pide en la escuela, porque cabe en media cuartilla y se declama sin quedarse sin aire. Alcanza justo para presentar al personaje, meterlo en apuros con la Catrina y rematar con un giro gracioso. Todas las de esta página traen esa misma medida, en octosílabos y con rima consonante, listas para copiarse tal cual o para cambiarles el nombre.

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Mi cuate Beto

Mi cuate Beto es tremendo, juega fútbol en la esquina; todo el barrio anda diciendo que ni el diablo lo domina. La calaca lo rondaba por la cancha del mercado; Beto ni la saludaba, iba puro concentrado. La flaca se hizo portera para el tiro del penal; Beto anotó de tijera y le ganó el funeral.

Doña Lupe, la maestra

La maestra doña Lupita nos enseñaba a rimar; en la banca más chiquita nos ponía a declamar. Un día llegó la huesuda trayendo lista y bastón: - Deme el nombre, sin más duda, del mejor de este salón. Doña Lupe, muy tranquila, le dejó mucha tarea; la calaca entró a la fila y ella es la que deletrea.

La troca de mi papá

Mi papá tiene una troca que ya casi no camina; la remienda con la boca y la empuja hasta la esquina. La huesuda, en el camino, le pidió que la llevara; mi papá, que es muy ladino, le cobró la vuelta cara. Mas la muerte no tenía ni un quinto pa' la pasada; y hoy la carga todavía, de copiloto, enojada.

El que siempre llega tarde

Rafa siempre llega tarde, con la torta y con alarde; la maestra ya ni pregunta, nada más firma y apunta. La calaca lo aguardaba en la puerta, y bostezaba; se cansó de estar de pie y se fue por un café. Cuando Rafa apareció, la calaca ya faltó; hoy Rafa es el más puntual y la muerte, la informal.

El doctor Genaro

El doctor Genaro Peña curaba de gripa al niño; con paciencia y con su seña más tantito de cariño. La calaca fue a consulta con dolor en la cadera; - Doctor, algo se me abulta y no encuentro la mollera. Le sacó radiografía, le dio pomada y jarabe; hoy la flaca, todavía, sigue en fila, si le cabe.

Doña Chela, la vecina

Doña Chela, la vecina, todo el día está en la reja; nada escapa a su retina y ni un chisme se le deja. Rondaba la calavera a media calle, de noche; doña Chela, la primera, ya sabía hasta su coche. Antes de tocar la puerta ya lo sabía el mercado; la Catrina, descubierta, se regresó de callado.

Mi propia calaverita

Hoy me escribo yo mi muerte, por si acaso y por deporte; que no venga de repente y me agarre indiferente. Ya compré mi buena vela, la cazuela y la canela; ya escogí hasta la canción, el color de mi cajón. La flaca llegó a la cita y leyó mi calaverita; tanto le gustó el remate que me dio un año de empate.

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