Calaveritas literarias para Alberto
Alberto es de los que se aprenden el nombre de todos en la cuadra y llegan puntuales a donde los llamen. La huesuda lo ha buscado en el taller, en la bodega de noche y hasta arriba del ring, y siempre acaba pidiéndole otra oportunidad. Aquí van calaveritas para los Albertos de buena madera.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
Albertito y el tambor
Albertito va al tambor
en la banda de la escuela;
le pega con mucho amor
y el sonido hasta vuela.
Se apareció una calaca
con trompeta y con sombrero;
y traía una matraca
pa entrarle de trompetero.
Ensayaron todo el día,
con el paso bien marcado;
la calaca ya sabía
todo el ritmo bien pegado.
En el desfile lucieron,
con la escuela bien formada;
y al final les aplaudieron
hasta la muerte, encantada.
Alberto, mi buen compadre
Alberto, mi buen compadre,
fue de todos como padre;
prestaba lo que tenía
y jamás lo repetía.
Llegó la flaca de noche,
sin tocar y sin reproche;
lo encontró junto al brasero,
con su perro y su sombrero.
Le ofreció la última silla,
y un pedazo de tortilla;
platicaron de sus muertos,
con los ojos bien abiertos.
Se fue Alberto sin quejarse,
sin dolerse ni asustarse;
nos dejó la puerta abierta
y la lumbre bien despierta.
Alberto, el carpintero
Alberto labra el madero
con cepillo y con escuadra;
hace mesas de primero
y roperos pa la cuadra.
La calaca le pidió
una caja a su medida;
con cojín y con listón
pa dormirse de por vida.
Alberto sacó su cinta,
le midió de arriba abajo;
con su lápiz y su tinta
se aventó todo el trabajo.
Le quedó la caja chica,
por la falda y el sombrero;
y la flaca, que critica,
hoy la tiene de ropero.
Alberto, el velador
Alberto vela de noche
con su linterna y su perro;
no se le escapa ni un coche
ni un tornillo ni un buen fierro.
Brincó la muerte la barda
a la una de la mañana;
iba lenta, medio tarda,
y se atoró en la ventana.
Alberto prendió la luz,
le soltó el perro guardián;
la flaca se hizo la cruz
y voló como un gavilán.
Se dejó la hoz en la barda,
la cobija y el rebozo;
hoy, si pasa, se resguarda
y saluda con su embozo.
Alberto, el taxista
Alberto es de los taxistas
que se saben cada calle;
no consulta ni sus listas
aunque el motor se le estalle.
Se subió la muerte al carro
y pidió ir al panteón;
iba oliendo a puro barro
y peor el pantalón.
Alberto se fue derecho,
por atajos y empujones;
se pegó contra el buen techo
y juntó cuatro chichones.
Al llegar pidió la cuenta,
no traía ni un tostón;
hoy le lava, sin afrenta,
el taxi con buen jabón.
Alberto y el costal
Alberto trae el costal
colgado en el patio viejo;
pega duro y nada mal
y se mira en el espejo.
Lo retó la calavera
a tres vueltas sin parar;
se enfundó guante y visera,
y se puso a calentar.
Al primer golpe de Alberto
se le fue media quijada;
con el otro, ya despierto,
quedó toda desarmada.
Hoy la muerte no pelea,
nomás cuenta hasta los diez;
hoy, aunque el pleito se vea,
ya no se sube otra vez.
💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora
más calaveritas literarias.