Calaveritas para hermanos y hermanas
Entre hermanos todo se presta y nada se devuelve, y eso incluye el control de la tele. Aquí la calaca se mete al pleito y casi siempre sale peor librada que los dos. Buenas para dedicarlas en la ofrenda y seguirle la carrilla al que te robó el suéter.
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El control remoto
Beto tiene su control
bien pegado con la mano;
la calaca vio el futbol
y se lo llevó de hermano.
Lo que se presta no vuelve
Marisol pide prestado
y jamás lo va a volver;
mi vestido más cuidado
ya lo trae desde el ayer.
Llegó la muerte a cobrarle
y también salió sin blusa;
hoy anda por reclamarle,
pero mi hermana se excusa.
Quién se sienta adelante
Cuando vamos en el carro
peleamos por el lugar;
yo me adelanto y lo agarro
antes de que pueda hablar.
Ese día iba la muerte
de copiloto en la troca;
nos miró de mala suerte
y nos tapó hasta la boca.
Dijo: -Yo me voy atrás,
ustedes sigan peleando;
me los llevo y nada más
porque ya me están cansando.
La acusona
Mi hermanita Soledad
todo cuenta, es la verdad;
si me como una galleta
corre a darle la boleta.
Vino la flaca una noche
sin bajarse de su coche;
mi hermanita, muy formal,
fue a acusarla al tribunal.
La muerte se puso roja,
dijo: -Nadie me acongoja,
pero esta niña chismosa
ya me puso muy nerviosa.
Se fue la muerte de prisa
sin llevarse ni una risa;
y mi hermana, la acusona,
hoy la acusa a la Llorona.
El último taco
Quedó un taco en el sartén,
y mi hermano lo vio bien;
cada quien sacó la mano
como duelo de paisano.
En la mesa se sentó
la calaca y saludó;
con la mano bien tendida
se llevó nuestra comida.
Nos quedamos sin el taco,
con la pena y con el saco;
y por fin, ya sin pelear,
nos pusimos a llorar.
El cuarto compartido
Compartimos un ropero,
una cama y un cajón;
yo le digo: -Cuando muero,
todo es tuyo, hasta el colchón.
Se metió la calaquita
a escoger de aquel montón;
revisó la camisita
y el mentado pantalón.
Nos peleamos por la herencia
antes de que hubiera muerto;
la muerte perdió paciencia
y se fue por el desierto.
Nos dejó con el ropero,
la cobija y el cajón;
y seguimos, año entero,
discutiendo el edredón.
El hermano mayor
Mi hermano el mayor, Ricardo,
manda más que mi papá;
yo le obedezco y aguardo
hasta ver qué mandará.
Llegó la muerte a la casa
preguntando por los dos;
él le dijo: -Aquí no pasa
nadie sin hablar con Dios.
La huesuda, sorprendida,
se tuvo que retirar;
hoy espera, sometida,
que Ricardo deje entrar.
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