Calaveritas para hermanos y hermanas

Entre hermanos todo se presta y nada se devuelve, y eso incluye el control de la tele. Aquí la calaca se mete al pleito y casi siempre sale peor librada que los dos. Buenas para dedicarlas en la ofrenda y seguirle la carrilla al que te robó el suéter.

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El control remoto

Beto tiene su control bien pegado con la mano; la calaca vio el futbol y se lo llevó de hermano.

Lo que se presta no vuelve

Marisol pide prestado y jamás lo va a volver; mi vestido más cuidado ya lo trae desde el ayer. Llegó la muerte a cobrarle y también salió sin blusa; hoy anda por reclamarle, pero mi hermana se excusa.

Quién se sienta adelante

Cuando vamos en el carro peleamos por el lugar; yo me adelanto y lo agarro antes de que pueda hablar. Ese día iba la muerte de copiloto en la troca; nos miró de mala suerte y nos tapó hasta la boca. Dijo: -Yo me voy atrás, ustedes sigan peleando; me los llevo y nada más porque ya me están cansando.

La acusona

Mi hermanita Soledad todo cuenta, es la verdad; si me como una galleta corre a darle la boleta. Vino la flaca una noche sin bajarse de su coche; mi hermanita, muy formal, fue a acusarla al tribunal. La muerte se puso roja, dijo: -Nadie me acongoja, pero esta niña chismosa ya me puso muy nerviosa. Se fue la muerte de prisa sin llevarse ni una risa; y mi hermana, la acusona, hoy la acusa a la Llorona.

El último taco

Quedó un taco en el sartén, y mi hermano lo vio bien; cada quien sacó la mano como duelo de paisano. En la mesa se sentó la calaca y saludó; con la mano bien tendida se llevó nuestra comida. Nos quedamos sin el taco, con la pena y con el saco; y por fin, ya sin pelear, nos pusimos a llorar.

El cuarto compartido

Compartimos un ropero, una cama y un cajón; yo le digo: -Cuando muero, todo es tuyo, hasta el colchón. Se metió la calaquita a escoger de aquel montón; revisó la camisita y el mentado pantalón. Nos peleamos por la herencia antes de que hubiera muerto; la muerte perdió paciencia y se fue por el desierto. Nos dejó con el ropero, la cobija y el cajón; y seguimos, año entero, discutiendo el edredón.

El hermano mayor

Mi hermano el mayor, Ricardo, manda más que mi papá; yo le obedezco y aguardo hasta ver qué mandará. Llegó la muerte a la casa preguntando por los dos; él le dijo: -Aquí no pasa nadie sin hablar con Dios. La huesuda, sorprendida, se tuvo que retirar; hoy espera, sometida, que Ricardo deje entrar.

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