3 calaveritas literarias

Estas calaveritas literarias son de las largas, de cuatro estrofas cada una, con su historia completa y su remate. Aquí la Catrina no gana siempre: le arreglan el reloj, la cansan bailando y hasta le ganan una apuesta. Sirven muy bien para leer en voz alta en el altar o en el salón.

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El relojero don Elpidio

Don Elpidio, el relojero, compone el tiempo de todos; le da cuerda al mundo entero con sus pinzas y sus modos. Llegó la flaca una tarde con su reloj descompuesto: -Se me para sin alarde y ya nadie está en su puesto. Don Elpidio lo destapa, sopla el polvo, mueve un diente, y hasta el fondo de la tapa halla un nombre, el suyo, al frente. Le dio cuerda con cariño, lo aceitó y lo devolvió; mas le puso, con su guiño, veinte años que se robó.

El baile de doña Reme

Doña Reme, allá en Jalisco, baila desde los quince años; gasta suela y da un mordisco a los sones más extraños. Se le plantó la Catrina con su rebozo de seda: -Ya me toca usted, vecina, pero échese un son que pueda. Y sonó el mariachi entero, le zumbaron a la par; la Catrina, en el tercero, ya no pudo ni girar. Descansó y tomó su aliento con las costillas de fuera; y doña Reme, en su asiento, pidió otra, y la flaca espera.

La apuesta de Genaro

Genaro, el de la cantina, sirve el mezcal sin medida; llegó a verlo la Catrina por su cuenta y por su vida. -Te la juego a la baraja -dijo Genaro, sereno-; si me ganas, sin ventaja, me voy contigo y sin freno. Repartieron la veintiuna, con testigos y con sal; la Catrina, con fortuna, pidió carta y sacó mal. La huesuda se pasó y Genaro echó a reír; desde entonces se quedó de cantinera, a servir.

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