Calaveritas literarias que rimen

Si lo que necesitas son calaveritas literarias que rimen de verdad, aquí cada poema sigue un esquema marcado y constante: AABB (los versos riman de dos en dos) o ABAB (riman alternados). Todas usan rima consonante, la que repite las letras completas a partir de la sílaba acentuada, y versos octosílabos como pide la tradición mexicana. Junto a cada título viene indicado el esquema, por si necesitas explicarlo en la tarea o escribir la tuya siguiendo el mismo molde.

¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con el nombre y los detalles que tú quieras.

Fermín, el peluquero (AABB)

Fermín era peluquero y cortaba el mundo entero; con su peine y su navaja dejaba la testa maja. Llegó la muerte a su silla con la calva más sencilla; le pidió un enorme copete y un fleco como juguete. Fermín, con toda su maña, peinó hasta la telaraña; la calaca, tan contenta, le perdonó hasta la renta.

Amparito y su dedal (ABAB)

Bordaba doña Amparito con la aguja y el dedal; cada punto, muy bonito, parecía de cristal. Llegó la flaca en la tarde con el vestido rasgado: "Cósemelo, que no arde, que ya voy para el mercado". Amparito, muy ligera, le zurció todo el encaje; la calaca, placentera, le pagó con otro viaje. Hoy la muerte anda de gala por las calles del panteón; y Amparito, en su sala, cose flores de algodón.

Ruperto, el mariachi (AABB)

Cantaba el buen Ruperto con el corazón abierto; su trompeta de metal despertaba al hospital. Vino la flaca a la plaza y pidió con mucha traza un corrido bien cantado y un bolero enamorado. Ruperto cantó tan bien que la muerte lloró también; se olvidó de su encargo y le dio un plazo bien largo.

Soledad, la florista (ABAB)

Vendía flores Soledad en la esquina del portal; tenía toda variedad, desde el nardo hasta el rosal. Una tarde, ya oscurita, llegó a verla la Pelona; le compró la flor bonita que a los muertos les corona. Soledad le dio de más, un manojo bien florido; la Catrina dijo: "Estás con el cielo bien servido". Por eso hoy Soledad vende flores todavía; y la muerte, de verdad, le compra su ramo al día.

Simón, el panadero (AABB)

Amasaba don Simón conchas, bolillo y jamón; en su horno de ladrillo todo el pan salía amarillo. Llegó la muerte a comprar y no quiso ni pagar; se llevó una campechana y volvió a la otra mañana. Tanto pan se le antojó que a Simón se lo llevó; hoy hornea en el más allá un pan que nadie tendrá.

Don Julián, el taxista (ABAB)

El taxista don Julián recorría la ciudad; lo esperaban con afán en la noche y su humedad. Una noche, en la avenida, levantó a una pasajera con la cara consumida y sombrero de tercera. "Lléveme hasta el cementerio", le pidió con voz de hielo; don Julián, sin más misterio, le bajó a treinta el vuelo. Al llegar, la pasajera se bajó sin dar propina; le dejó una calavera y una flor muy campesina.

Chabela, la enfermera (AABB)

La enfermera Chabela inyectaba con cautela; no dolía su piquete, parecía de juguete. Llegó la muerte tiritando, con la gripa que anda andando; Chabela le dio una inyección y le curó el corazón. Agradecida, la Pelona le dejó su propia corona: "Sigue viva, mi Chabela, que este piso te desvela".

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