Calaveritas para albañiles y maestros de obra
Levantarse antes que el sol, subir al andamio y no bajar hasta que la barda quede derecha. Aquí la calaca se trepa creyendo que el oficio es fácil y acaba con las manos ampolladas. Van para el maestro de obra, el chalán y toda la cuadrilla.
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El maestro Chon
Trabajaba el maestro Chon
levantando aquella barda;
y con puro tabicón
armó la obra más gallarda.
Ya llegó la flaca a la obra
y buscaba al maestro Chon;
Chon le dijo: -Falta la obra,
y no ha llegado el camión.
El taco de media mañana
A las diez para el trabajo
se detiene la cuadrilla;
sacan del morral abajo
el taco con su tortilla.
Llegó la muerte a esa hora
con hambre de trabajar;
y sin más ni más demora
se sentó ahí a masticar.
Don Jesús y la cuchara
Don Jesús, el maestro de obra,
manejaba la cuchara;
no le faltaba ni sobra
ni un bote de mezcla clara.
Aplanaba aquellos muros
como espejo de cantina;
le quedaban rectos, puros,
desde la puerta a la esquina.
Se trepó la flaca al techo
por llevarse a don Jesús;
pero el hombre, satisfecho,
le pidió un poco de luz.
-Falta el firme y el repello
-le explicó, sin darse prisa-;
la calaca, en su destello,
se quedó ahí de aprendiza.
El andamio de Fermín
Subía y bajaba Fermín
cargando su bulto al viento;
trabajaba hasta el confín
de toda la obra y cemento.
Un día, en el tercer piso,
se topó con la pelona;
ella le pidió permiso
pa' llevarse a su persona.
Fermín le prestó el arnés
y le dijo: -Suba usté;
la flaca, al mirar sus pies
tan arriba, ya no fue.
La mezcla de don Regino
Don Regino revolvía
arena, cal y cemento;
su mezcla siempre salía
con el punto y con el tiento.
Llegó la muerte a pedirle
una tanda de colado;
quería, sin aburrirse,
un panteón todo fraguado.
Regino le dio la pala
y le dijo: -Órale, pues;
la muerte, que no es tan mala,
batió mezcla como tres.
Al tercer bote quedó
con las manos bien ampolladas;
soltó todo y se marchó
con las costillas peladas.
La cuadrilla de la esquina
La cuadrilla de la esquina
levantaba un edificio;
trabajaban de rutina
sin quejarse del oficio.
Se apareció la Catrina
con su casco y su chaleco;
quería ser la madrina
del colado y de aquel hueco.
Le pusieron a cargar
cien costales de la arena;
no volvió ni a saludar
ni a cobrar una quincena.
Se acabó la obra negra
Ya se acabó la obra negra
un viernes por la mañana;
y la cuadrilla se alegra
con su torta bien poblana.
Llegó la muerte a la fiesta
con su tambora y su son;
le sirvieron sin protesta
unas carnitas y limón.
Bailó con el chalán Nacho
y con el maestro Simón;
se le cayó su penacho
adentro de aquel cajón.
Al final no se llevó
a ninguno de la banda;
bien contenta se durmió
en la carretilla blanda.
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