Calaveritas para albañiles y maestros de obra

Levantarse antes que el sol, subir al andamio y no bajar hasta que la barda quede derecha. Aquí la calaca se trepa creyendo que el oficio es fácil y acaba con las manos ampolladas. Van para el maestro de obra, el chalán y toda la cuadrilla.

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El maestro Chon

Trabajaba el maestro Chon levantando aquella barda; y con puro tabicón armó la obra más gallarda. Ya llegó la flaca a la obra y buscaba al maestro Chon; Chon le dijo: -Falta la obra, y no ha llegado el camión.

El taco de media mañana

A las diez para el trabajo se detiene la cuadrilla; sacan del morral abajo el taco con su tortilla. Llegó la muerte a esa hora con hambre de trabajar; y sin más ni más demora se sentó ahí a masticar.

Don Jesús y la cuchara

Don Jesús, el maestro de obra, manejaba la cuchara; no le faltaba ni sobra ni un bote de mezcla clara. Aplanaba aquellos muros como espejo de cantina; le quedaban rectos, puros, desde la puerta a la esquina. Se trepó la flaca al techo por llevarse a don Jesús; pero el hombre, satisfecho, le pidió un poco de luz. -Falta el firme y el repello -le explicó, sin darse prisa-; la calaca, en su destello, se quedó ahí de aprendiza.

El andamio de Fermín

Subía y bajaba Fermín cargando su bulto al viento; trabajaba hasta el confín de toda la obra y cemento. Un día, en el tercer piso, se topó con la pelona; ella le pidió permiso pa' llevarse a su persona. Fermín le prestó el arnés y le dijo: -Suba usté; la flaca, al mirar sus pies tan arriba, ya no fue.

La mezcla de don Regino

Don Regino revolvía arena, cal y cemento; su mezcla siempre salía con el punto y con el tiento. Llegó la muerte a pedirle una tanda de colado; quería, sin aburrirse, un panteón todo fraguado. Regino le dio la pala y le dijo: -Órale, pues; la muerte, que no es tan mala, batió mezcla como tres. Al tercer bote quedó con las manos bien ampolladas; soltó todo y se marchó con las costillas peladas.

La cuadrilla de la esquina

La cuadrilla de la esquina levantaba un edificio; trabajaban de rutina sin quejarse del oficio. Se apareció la Catrina con su casco y su chaleco; quería ser la madrina del colado y de aquel hueco. Le pusieron a cargar cien costales de la arena; no volvió ni a saludar ni a cobrar una quincena.

Se acabó la obra negra

Ya se acabó la obra negra un viernes por la mañana; y la cuadrilla se alegra con su torta bien poblana. Llegó la muerte a la fiesta con su tambora y su son; le sirvieron sin protesta unas carnitas y limón. Bailó con el chalán Nacho y con el maestro Simón; se le cayó su penacho adentro de aquel cajón. Al final no se llevó a ninguno de la banda; bien contenta se durmió en la carretilla blanda.

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