Calaveritas para programadores
Quien programa sabe que lo único seguro en esta vida es que algo se va a caer un viernes por la tarde. Aquí van unas calaveritas para los que viven entre el café, el bug y la junta que pudo ser un correo. Buenas para el chat del equipo o para pegarlas junto al monitor.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
El bug
Un bug en la madrugada
le arruinó la temporada;
lo buscó todo Ramón
y era un punto en el renglón.
Vino la muerte a llevarlo
y él ni pudo contestarlo:
-Deme un rato, aquí compilo,
desde entonces sigue el hilo.
El servidor caído
Se cayó ya el servidor
justo un viernes, sin favor;
y la muerte, muy ufana,
se sentó en esa ventana.
-Ya se murió tu sistema,
aquí acaba tu problema;
pero Lupe, la de redes,
lo levantó entre paredes.
Un respaldo que guardó
la semana la salvó;
y la muerte, sin trabajo,
se bajó por el atajo.
Desde entonces han jurado
no tocar lo ya arreglado;
y la flaca los espera
cada lunes, en la acera.
La junta
Convocaron una junta
y nadie hizo una pregunta;
dos horitas se pasaron
y de nada se acordaron.
La calaca, que asistía,
de aburrida se dormía;
y al final dijo: -Qué error,
esto es correo, señor.
La sexta taza
Van seis tazas de café
y Sebastián, ya sin fe,
sigue viendo la pantalla
donde el código le falla.
A las dos vino la flaca
con su lista y su matraca;
-Vámonos, ya te dormiste,
que este bug ya no lo viste.
Sebastián se echó otro trago
y le dijo: -Ya lo pago;
pero espere, que el error
ya lo tengo, por favor.
Le dio clic y funcionó
y la muerte se asomó;
vio la barra en verde entera
y aplaudió como cualquiera.
El cambio chiquito
Se marchaba doña Chelo
con su prisa y con su anhelo;
pero el jefe la llamó
y un cambito le encargó.
-Es chiquito, no hace nada,
es de una sola llamada.
Y la muerte, muy sonriente,
apuntaba en su expediente.
Subió el cambio doña Chelo
y se cayó todo el suelo;
tres alarmas, dos llamadas
y las caras desveladas.
Lo arregló en once minutos
y la muerte, sin sus lutos,
se marchó de mal humor
sin llevarse ni al menor.
El código heredado
Hay un código muy viejo
que heredaron sin consejo;
y no saben ni quién lo hizo
ni por qué sirve el hechizo.
La calaca lo leyó
y al momento se perdió;
la cabeza le dolía
aunque un hueso no tenía.
Dijo: -Yo no me lo llevo,
que ni entiendo lo que muevo;
mejor déjenlo en su altar
con su vela y su rezar.
Y así quedó, con su ofrenda,
sin que nadie lo comprenda;
cada año le ponen flores
y sigue sin dar errores.
La videollamada
En la junta de las nueve
nadie prende ni se mueve;
puros cuadros apagados
y unos gatos asomados.
Se metió la calavera
con su nombre y su bandera;
nadie supo quién entró
ni por qué se conectó.
Preguntó por Margarita,
la que estaba en su listita;
y le dijo el ingeniero:
-Está en otra, compañero.
Se esperó una hora entera
y se fue por la escalera;
hoy la muerte, en cada junta,
prende el micro y no pregunta.
💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora
más calaveritas literarias.