Calaveritas literarias de amor

Aquí encontrarás varias calaveritas de amor: novios de banca, aniversarios de bodas, serenatas y hasta un mensaje que se quedó en visto. Todas están escritas en versos octosílabos con rima, y en todas la muerte llega como una invitada más a la historia de amor, siempre con humor y nunca con tristeza. Dos de ellas son cortas, por si necesitas dedicar una rápido en una tarjeta o en un mensaje.

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El pretendiente puntual

Andaba Luis enamorado de la hermosa Leticia; le llevaba, muy peinado, serenata y sin malicia. La Catrina lo miró desde el poste de la esquina; -Ese amor -se relamió- sabe a canción y a neblina. Se llevó al enamorado en mitad de la canción, y hoy le canta, muy callado, a la muerte su pasión. Leticia, que era muy lista, puso vela y puso son: -Vuelve, Luis, aunque de vista, que aquí queda tu balcón.

Bodas de oro

Cincuenta años de casados cumplieron Juan y María, muy contentos, muy peinados, con mariachi y con sandía. Llegó la flaca al festejo con vestido de organdí: -Vengo a darles un consejo y a bailar un poco aquí. Se llevó a los dos unidos, tomaditos de la mano; dicen que hasta los oídos les sonaba un son lejano. Y allá siguen, muy formales, celebrando su querer; son las bodas más cabales que la muerte pudo ver.

El mensaje visto (corta)

Le escribió Toño a Rocío un mensaje con amor; lo dejó en visto, con frío, y murió de puro ardor. Hoy la flaca, muy formal, le responde cada mes: -Aquí sí te leen igual, mi Toñito, ya lo ves.

Novios de banca

Se besaban en la banca Anita y su novio Beto; la Catrina, flaca y franca, los miró con gran respeto. -No los quiero interrumpir -dijo, echándose el rebozo-, pero ya se han de venir: el amor allá es sabroso. Se los llevó sin regaño, sin dolores ni temor; y se besan cada año en la fiesta del amor.

Cita a ciegas (corta)

Fue Fernando a aquella cita que le armaron por la red; lo esperaba una flaquita con un ramo y mucha sed. -¿Eres tú la del perfil? -La mismita, mi galán; paga cuenta y sé gentil, que allá abajo cenarán.

La reconciliación

Discutían por el control Carmelita y su marido: que si novela, que si gol, que si el niño no ha comido. Llegó la muerte al sillón, se sentó justo en medio: -Yo les traigo la solución, yo les traigo buen remedio. Se llevó a los dos peleando, discutiendo hasta el final; y allá siguen alegando por el mismo buen canal. Y aunque riñan sin cesar, no se sueltan de la mano; ese amor sabe durar más allá de lo mundano.

Serenata desde el más allá

Pepe fue a dar serenata a la reja de Consuelo; diez canciones, cuerda y plata, y un violín que era un anzuelo. La Catrina lo escuchó desde el fondo del panteón; tanto el canto le gustó que voló por el balcón. -Cántame a mí, jovencito -le pidió con dulce voz-; te daré por ese ratito la eternidad de los dos. Hoy le canta a la huesuda cada noche de noviembre, y Consuelo, que no duda, lo recuerda hasta diciembre.

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