Calaveritas literarias de amor
Aquí encontrarás varias calaveritas de amor: novios de banca, aniversarios de bodas, serenatas y hasta un mensaje que se quedó en visto. Todas están escritas en versos octosílabos con rima, y en todas la muerte llega como una invitada más a la historia de amor, siempre con humor y nunca con tristeza. Dos de ellas son cortas, por si necesitas dedicar una rápido en una tarjeta o en un mensaje.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
El pretendiente puntual
Andaba Luis enamorado
de la hermosa Leticia;
le llevaba, muy peinado,
serenata y sin malicia.
La Catrina lo miró
desde el poste de la esquina;
-Ese amor -se relamió-
sabe a canción y a neblina.
Se llevó al enamorado
en mitad de la canción,
y hoy le canta, muy callado,
a la muerte su pasión.
Leticia, que era muy lista,
puso vela y puso son:
-Vuelve, Luis, aunque de vista,
que aquí queda tu balcón.
Bodas de oro
Cincuenta años de casados
cumplieron Juan y María,
muy contentos, muy peinados,
con mariachi y con sandía.
Llegó la flaca al festejo
con vestido de organdí:
-Vengo a darles un consejo
y a bailar un poco aquí.
Se llevó a los dos unidos,
tomaditos de la mano;
dicen que hasta los oídos
les sonaba un son lejano.
Y allá siguen, muy formales,
celebrando su querer;
son las bodas más cabales
que la muerte pudo ver.
El mensaje visto (corta)
Le escribió Toño a Rocío
un mensaje con amor;
lo dejó en visto, con frío,
y murió de puro ardor.
Hoy la flaca, muy formal,
le responde cada mes:
-Aquí sí te leen igual,
mi Toñito, ya lo ves.
Novios de banca
Se besaban en la banca
Anita y su novio Beto;
la Catrina, flaca y franca,
los miró con gran respeto.
-No los quiero interrumpir
-dijo, echándose el rebozo-,
pero ya se han de venir:
el amor allá es sabroso.
Se los llevó sin regaño,
sin dolores ni temor;
y se besan cada año
en la fiesta del amor.
Cita a ciegas (corta)
Fue Fernando a aquella cita
que le armaron por la red;
lo esperaba una flaquita
con un ramo y mucha sed.
-¿Eres tú la del perfil?
-La mismita, mi galán;
paga cuenta y sé gentil,
que allá abajo cenarán.
La reconciliación
Discutían por el control
Carmelita y su marido:
que si novela, que si gol,
que si el niño no ha comido.
Llegó la muerte al sillón,
se sentó justo en medio:
-Yo les traigo la solución,
yo les traigo buen remedio.
Se llevó a los dos peleando,
discutiendo hasta el final;
y allá siguen alegando
por el mismo buen canal.
Y aunque riñan sin cesar,
no se sueltan de la mano;
ese amor sabe durar
más allá de lo mundano.
Serenata desde el más allá
Pepe fue a dar serenata
a la reja de Consuelo;
diez canciones, cuerda y plata,
y un violín que era un anzuelo.
La Catrina lo escuchó
desde el fondo del panteón;
tanto el canto le gustó
que voló por el balcón.
-Cántame a mí, jovencito
-le pidió con dulce voz-;
te daré por ese ratito
la eternidad de los dos.
Hoy le canta a la huesuda
cada noche de noviembre,
y Consuelo, que no duda,
lo recuerda hasta diciembre.
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