Formato y plantilla para calaverita literaria

En el papel, una calaverita literaria se ve así: un título breve arriba, centrado o alineado a la izquierda, y debajo el poema repartido en estrofas de cuatro versos, con un renglón en blanco entre una estrofa y la siguiente. Cada verso ocupa su propio renglón y empieza con mayúscula o minúscula según prefieras, pero siempre igual en todo el poema. Los versos no se justifican ni se dividen a media línea: si un verso no cabe, se acorta el verso, no se parte el renglón. Al final, si es tarea escolar, se pone el nombre del autor abajo a la derecha, y muchos maestros piden también el nombre de la persona a quien va dedicada.

La estrofa estándar es la cuarteta u octosílabo de cuatro versos, con rima consonante en esquema ABAB o AABB. Sobre cuántas estrofas pedir, la costumbre en las escuelas mexicanas es bastante estable: en preescolar y primeros años de primaria se piden una o dos estrofas, es decir cuatro u varios versos; de tercero de primaria a secundaria lo más común son tres o cuatro estrofas, entre doce y dieciséis versos; y para concursos, periódico mural o preparatoria se piden versiones largas de seis estrofas o más. Si el maestro no especifica, cuatro estrofas es la apuesta segura: alcanza para presentar a la persona, meter a la muerte, complicar la historia y rematar.

Existe también un formato más lucido que suele ganar concursos: la décima espinela, varios versos octosílabos con rima ABBAACCDDC. Es más difícil porque exige sostener cuatro rimas distintas, pero se nota el trabajo y los jurados lo premian. Otra variante frecuente es la calaverita de una sola estrofa, tipo epigrama, que sirve para tarjetas, para pedir dulces o para publicar en redes.

Para presentarla escrita a mano, usa hoja blanca o de cuaderno sin renglones marcados de más, escribe con tinta negra o azul y deja buen margen. Si la vas a decorar, la costumbre es enmarcar con cempasúchil, papel picado, calaveritas de azúcar o una catrina en una esquina, pero sin invadir el texto: el poema tiene que leerse limpio. Si la entregas impresa, una tipografía sencilla de tamaño 12 a 14 puntos, interlineado de 1.5 y el título en negritas es más que suficiente. Nada de fuentes góticas ilegibles ni fondos oscuros que se comen la tinta.

Lo que los maestros suelen calificar es casi siempre lo mismo: que todos los versos tengan ocho sílabas contadas con sinalefa, que la rima sea consonante y no asonante, que la muerte aparezca como personaje y no solo mencionada, que se identifique claramente a la persona homenajeada con rasgos concretos, que el final tenga un giro y no un cierre plano, y que el contenido sea respetuoso, sin ofensas ni groserías. Muchos piden además leerla en voz alta frente al grupo, así que conviene ensayarla: al leer se oyen de inmediato los versos que quedaron cojos.

Los ejemplos de abajo están ordenados de menor a mayor: una de una estrofa, una de dos, una de cuatro, una décima de varios versos y una larga de siete estrofas. Puedes usarlos como plantilla, cambiando el nombre y el oficio por los de tu homenajeado y conservando el número de versos y el esquema de rima. Esta página se puede imprimir directo desde el navegador con Ctrl+P (o Cmd+P en Mac) y entregar tal cual, o pegar el ejemplo que más te sirva en tu cuaderno.

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Formato de una estrofa: la cuarteta de cuatro versos

A Lupita, la cajera, le llegó su turno un día: la Catrina, muy ligera, se formó, y ahí seguía.

Formato de dos estrofas: el más pedido en la escuela

El doctor Cortés curaba gripa, tos y mal de amores, y a la muerte le tocaba hacer cola entre dolores. Un día llegó por él, con la cita ya apartada, mas le dio jarabe y miel y salió bien recetada.

Formato de cuatro estrofas: la calaverita clásica completa

Don Chuy, chofer de la ruta, corría cual aguacero, con la música bien bruta y su claxon pistolero. Subió la flaca en Reforma, sin pagar ni un solo viaje, y don Chuy, con mala forma, le cobró con gran coraje. La calaca protestó: -Yo me llevo al ciudadano. Y don Chuy le contestó: -Primero paga, paisano. Se bajó en la otra parada, sin llevarse a nadie a bordo, y don Chuy, sin decir nada, le subió el volumen gordo.

Formato de décima: diez versos con rima ABBAACCDDC

En la biblioteca Elena acomodaba el montón, cuidando cada renglón, con la paciencia más plena. Llegó la muerte morena pidiendo un libro prestado, y Elena, muy de su lado, le pidió su credencial, y su domicilio actual, y la flaca se ha rajado.

Formato largo: siete estrofas para leer en voz alta

El dos de noviembre entró la Catrina a casa ajena, y el altar la sorprendió con veladora y con cena. Hay mole, tamal y arroz, pan de muerto y chocolate, y la flaca, con su voz, dijo: -Denme mi rescate. Doña Vargas, la mamá, le sirvió plato de honor, y le dijo: -Come ya, que se enfría lo mejor. Se sentó junto al abuelo, que llevó veinte años antes, y brindaron sin recelo como dos viejos tunantes. Cantaron hasta las tres, y la flaca fue a bailar, perdió un hueso, y otra vez lo tuvieron que pegar. Se fue al alba, ya cansada, sin llevarse ni un pariente, y dejó, sobre la entrada, un recado, muy decente: -Regreso el año que viene, pero guarden el tamal, que en tal casa, si conviene, vengo a cenar, no a llevar.

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