Calaveritas literarias para jefes

Dedicarle una calaverita al jefe o a la jefa es todo un arte: hay que hacer reír sin pasarse de la raya. Estas calaveritas literarias para jefes juegan con las juntas interminables, los pendientes que se posponen y las firmas que nunca llegan, siempre con respeto y buen humor. Sirven para la posada de Día de Muertos, el concurso de la empresa o simplemente para romper el hielo con una sonrisa.

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El jefe de las juntas

Don Aurelio Villaseñor, gerente de gran valor, convocaba junta diaria con agenda extraordinaria. Llegó la muerte al pizarrón con su punto y su ocasión; la apuntó como asistente y ella pidió estar presente. Se alargó la reunión con un tema de opinión; la huesuda, ya cansada, se durmió sobre la almohada. Al despertar, muy sentida, se marchó sin su cometida; y don Aurelio, contento, convocó a otro momento.

La jefa Guadalupe

La jefa Guadalupe Estrada firma todo con premura, resolviendo la jornada con mano firme y segura. Vino la flaca a su puerta con la orden de partir; Lupita, siempre despierta, le pidió: -Deja escribir. Le selló la autorización con su fecha y su visto bueno; y la flaca, con razón, la dejó en su cargo pleno.

Pendientes del jefe

Fue la flaca por Ramiro un viernes al mediodía; él le dijo: -Ya me retiro, pero el lunes, todavía. Y así lleva veinte años posponiendo su partida; la calaca, sin engaños, ya se aprendió la avenida.

El gerente Nicanor

El gerente Nicanor revisaba con esmero cada cifra, cada error, cada punto del dinero. Llegó la muerte al reporte con su hoja y su total; Nicanor, sin más soporte, le encontró un decimal. -Traes mal la contabilidad, le señaló con respeto: me faltaban, de verdad, veinte años de proyecto. La calaca revisó, comprobó que estaba errada, y a Nicanor le dejó veinte años de jornada.

La directora

Doña Irene, directora, dirigía con bondad: sin gritar, a toda hora, con justicia y con verdad. Llegó la flaca a su oficina a llevársela al panteón; la encontró, muy matutina, resolviendo una cuestión. -Espérate, calaquita, que hay un equipo que ver. Y la flaca, tan bonita, se quedó a echar la mano ayer.

Aviso al jefe

Jefe, aviso con respeto que me voy con la huesuda; mi trabajo está completo y mi silla ya está muda.

El jefe que sí escucha

Don Ramón, el de finanzas, escuchaba de verdad; atendía las andanzas de su equipo y su ansiedad. Fue la muerte a proponerle un contrato singular; él le dijo: -Voy a verle, pero traiga usted su plan. Revisaron el acuerdo en la sala principal; y hoy la muerte, con recuerdo, pide junta trimestral.

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