Calaveritas literarias para jefes
Dedicarle una calaverita al jefe o a la jefa es todo un arte: hay que hacer reír sin pasarse de la raya. Estas calaveritas literarias para jefes juegan con las juntas interminables, los pendientes que se posponen y las firmas que nunca llegan, siempre con respeto y buen humor. Sirven para la posada de Día de Muertos, el concurso de la empresa o simplemente para romper el hielo con una sonrisa.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
El jefe de las juntas
Don Aurelio Villaseñor,
gerente de gran valor,
convocaba junta diaria
con agenda extraordinaria.
Llegó la muerte al pizarrón
con su punto y su ocasión;
la apuntó como asistente
y ella pidió estar presente.
Se alargó la reunión
con un tema de opinión;
la huesuda, ya cansada,
se durmió sobre la almohada.
Al despertar, muy sentida,
se marchó sin su cometida;
y don Aurelio, contento,
convocó a otro momento.
La jefa Guadalupe
La jefa Guadalupe Estrada
firma todo con premura,
resolviendo la jornada
con mano firme y segura.
Vino la flaca a su puerta
con la orden de partir;
Lupita, siempre despierta,
le pidió: -Deja escribir.
Le selló la autorización
con su fecha y su visto bueno;
y la flaca, con razón,
la dejó en su cargo pleno.
Pendientes del jefe
Fue la flaca por Ramiro
un viernes al mediodía;
él le dijo: -Ya me retiro,
pero el lunes, todavía.
Y así lleva veinte años
posponiendo su partida;
la calaca, sin engaños,
ya se aprendió la avenida.
El gerente Nicanor
El gerente Nicanor
revisaba con esmero
cada cifra, cada error,
cada punto del dinero.
Llegó la muerte al reporte
con su hoja y su total;
Nicanor, sin más soporte,
le encontró un decimal.
-Traes mal la contabilidad,
le señaló con respeto:
me faltaban, de verdad,
veinte años de proyecto.
La calaca revisó,
comprobó que estaba errada,
y a Nicanor le dejó
veinte años de jornada.
La directora
Doña Irene, directora,
dirigía con bondad:
sin gritar, a toda hora,
con justicia y con verdad.
Llegó la flaca a su oficina
a llevársela al panteón;
la encontró, muy matutina,
resolviendo una cuestión.
-Espérate, calaquita,
que hay un equipo que ver.
Y la flaca, tan bonita,
se quedó a echar la mano ayer.
Aviso al jefe
Jefe, aviso con respeto
que me voy con la huesuda;
mi trabajo está completo
y mi silla ya está muda.
El jefe que sí escucha
Don Ramón, el de finanzas,
escuchaba de verdad;
atendía las andanzas
de su equipo y su ansiedad.
Fue la muerte a proponerle
un contrato singular;
él le dijo: -Voy a verle,
pero traiga usted su plan.
Revisaron el acuerdo
en la sala principal;
y hoy la muerte, con recuerdo,
pide junta trimestral.
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