Calaveritas para obreros de fábrica
El silbato marca la entrada, la línea no espera a nadie y la lonchera guarda lo mejor del día. Aquí la calaca quiere aprender el oficio y no le alcanza el ritmo de la banda. Van para quienes hacen turno tras turno con las manos y el aguante.
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El silbato
Sonó el silbato a las seis
y se formó la cuadrilla;
la flaca llegó después
y la dejaron en la orilla.
La lonchera de Chelo
Traía Chelo su lonchera
con frijoles y tortilla;
la guardaba en su casilla
como un tesoro cualquiera.
La muerte quiso robarla
al descuido, en el pasillo;
y acabó por invitarla
a comer en el banquillo.
La línea de producción
Va la banda caminando
con las piezas por millar;
y Ricardo va apretando
sin dejar una pasar.
Se metió la calaquita
a aprender aquel oficio;
dijo: -Se ve muy sencillita
esta chamba de servicio.
A la tercera bandeja
ya llevaba doce errores;
se le fue una pieza vieja
y regó los contenedores.
Ricardo la enderezó
con paciencia de maestro;
y la muerte confesó:
-Este ritmo no es lo nuestro.
El turno de noche
Entra Petra a las diez
y sale cuando amanece;
la planta suena otra vez
y el cansancio ya no crece.
Llegó la flaca a su puesto
a ofrecerle el gran descanso;
y Petra le dijo presto:
-Falta poco, no me canso.
Terminaron el pedido
entre risas y café;
con el motor encendido
y el reloj no sé por qué.
Cuando el sol pintó la nave
ya no estaba la pelona;
dejó nota con su clave:
-Aquí nadie se abandona.
Don Genaro y la prensa
Don Genaro en la prensadora
lleva treinta años exactos;
conoce hasta la demora
y los ruidos más abstractos.
Oyó un clic medio raro
allá dentro del engrane;
paró todo, muy avaro
de que alguien se dañe.
La Catrina iba llegando
con la lista de accidentes;
se quedó nomás mirando,
sin trabajo entre las gentes.
Se marchó con su papel
y sin nombre que anotar;
don Genaro, buen laurel,
la dejó sin qué cobrar.
El paro de la máquina
Se paró la número siete
un martes de madrugada;
y llamaron al machete
de Rubén y su tenazada.
La flaca se hizo la sabia
y le movió unos tornillos;
salió humo con su rabia
y se armaron los ovillos.
Rubén llegó, revisó,
cambió banda y engrasó;
en diez minutos la echó
y la planta respiró.
Dijo entonces la calaca,
recogiendo su sombrero:
-Yo me llevo hasta una vaca,
pero no a este ingeniero.
Viernes de raya
Viernes llega con su raya
y se alegra la cuadrilla;
ya se paga lo que vaya
y se junta la pandilla.
Se coló la muerte al corro
y pidió un sobre también;
le dijeron: -No hay socorro
si no marcas, mi buen quién.
La checaron sin registro,
sin gafete y sin control;
el de recursos, muy listo,
la mandó a hacer su rol.
Hoy la flaca hace su turno
y se forma en la nomina;
y ya nadie, ni el nocturno,
le hace caso a la Catrina.
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