Calaveritas literarias para mamá

Los guisos que huelen desde la esquina, los consejos que siempre tienen razón y esos regaños que en el fondo son abrazos: así es mamá y así son estas calaveritas. Encontrarás varias calaveritas literarias para mamá, escritas con rima, ternura y una sonrisa, listas para dedicarlas en la ofrenda de Día de Muertos o para leerlas en voz alta en la comida familiar. Todas tratan a la muerte como una visita más que se queda a probar la sazón.

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Los guisos de mi mamá

Mi mamá, doña Carmela, tiene mano de canela: hace mole y hace arroz que devoran a una voz. Vino la flaca un domingo con su lista y su respingo; al oler aquel guisado se sentó y pidió un bocado. Le sirvió mi madrecita dos platitos de guisado; la huesuda, tan bendita, repitió el plato adorado. Se marchó con la barriga más pesada que un costal, y prometió, como amiga, no volver ni por casual.

El chanclazo amoroso

Doña Rosa Villalón tiene chancla justiciera: no le pega a la razón, solo asusta a quien no espera. Vino la muerte por ella y en la puerta se asomó; mi mamá, que es muy aquella, la chancla le mostró. La huesuda, con respeto, levantó las manos dos: -Vengo luego, se lo prometo, cuando ordene usted, por Dios.

Consejo de mamá

Me dijo mi madrecita: -Ponte suéter, mi tesoro, que la flaca solicita a los que andan sin decoro. Y así fue: pasó la muerte, me miró bien abrigado, y me dijo: -Qué buena suerte tienes con ese cuidado.

La sopa de doña Lupe

Doña Lupe Maldonado sirve sopa a quien se asoma: al vecino, al invitado y hasta al perro de la loma. Se paró la calavera en la puerta del zaguán; Lupe dijo: -Ven, cualquiera come aquí lo que le dan. Se comió la flaca hambrienta tres platones de fideo; hoy no viene por la cuenta, viene solo por deseo.

La lista del mandado

Mi mamá me da la lista con letrita de artista: chile, sal, cebolla y col, y regresas con el sol. Fui al mercado, sin pensarlo, y encontré, sin evitarlo, a la muerte en el pasillo comparando cada brillo. Le pregunté: -¿Qué te llevas? Contestó: -Todas las pruebas de que aquí la que más manda es tu madre y su demanda. Regresé con el mandado, con la muerte y el recado; mamá dijo: -Ya está bien, pero falta el maíz también.

Recado en el refri

Mamá pegó en la nevera un recado con imán: si me busca la calavera, que se forme, como el pan.

Los regaños de mamá

Los regaños de mamá son de miel con tantita sal: te regaña y luego da un abrazo sin igual. Vino la muerte a la casa sin tocar y sin saludar; mi mamá, que nada pasa, la mandó a la puerta a esperar. Se formó la calaquita, se limpió los pies, entró, y se fue muy educadita con el bien que le enseñó.

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