Calaveritas literarias para maestros de 4 estrofas
Todas las calaveritas de esta página tienen exactamente cuatro estrofas de cuatro versos, que es el formato que suelen pedir en la escuela. Cada una cuenta una historia completa: el planteamiento, lo que pasa cuando aparece la huesuda y un remate con su giro. Puedes copiarlas tal cual o cambiarle el nombre del maestro por el de tu profe.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
La tarea de la Catrina
En la escuela del rincón
daba clase don Ramón;
con su suéter remendado
y su gis siempre gastado.
Una tarde de neblina
se sentó allí la Catrina,
muy formal y muy sentada,
con su libreta rayada.
Don Ramón no se asustó,
le pasó lista y sonrió:
-Catrina, ¿trajo tarea?
Pase al frente y que la lea.
La huesuda, chiquitita,
no traía ni una cita;
la mandaron a estudiar
y no ha vuelto a molestar.
El coro del maestro Salvador
El maestro Salvador
les enseñaba a cantar;
y sacó, con gran primor,
un coro para el altar.
Llegó octubre, mes de altares,
y se apareció la flaca;
venía por los lugares
donde el canto se destaca.
Salvador le dio un lugar
en la fila de sopranos;
la calaca fue a ensayar
frotándose ya las manos.
Pero al dar el primer tono
se le cayó la quijada;
la corrieron sin encono
y el coro no perdió nada.
Doña Ofelia y la credencial
En la vieja biblioteca
doña Ofelia Zacateca
ordenaba con paciencia
todo el fondo de la ciencia.
Una noche entró la parca
con su lista y con su marca;
quiso un libro de misterio
para el largo cautiverio.
Doña Ofelia, muy tranquila,
la formó en la larga fila;
le pidió una credencial
y una firma de aval.
La calaca no tenía
ni domicilio ni guía;
se quedó sin el volumen
y sin nadie en su resumen.
El taller de Nicanor
El maestro Nicanor
enseñaba a serruchar;
lijaba con gran primor
lo que había de arreglar.
Una tarde, entre viruta,
se coló la descarnada;
que venía por la ruta
de la fiesta ya anunciada.
Nicanor miró su pierna
toda astillada y torcida;
con la lija la hizo tierna
y la dejó bien pulida.
La huesuda, agradecida,
se llevó solo un martillo;
le alargó al profe la vida
a cambio de un buen tornillo.
Margarita y los de primero
La maestra Margarita
tenía el aula bonita;
con dibujos en la puerta
y la ventana ya abierta.
Se metió la calavera
por la puerta de madera;
los niñitos la miraron
y de risa se soltaron.
Le pusieron un sombrero,
le prestaron un plumero;
la sentaron a pintar
y la hicieron dibujar.
Ya no quiso la calaca
regresar con su matraca;
se quedó en el primer grado
repitiendo lo enseñado.
Don Andrés, maestro de la sierra
Allá en la sierra de Oaxaca
daba clase don Andrés;
con su libro y su petaca
y sus botas del revés.
Caminaba dos veredas
para abrir el portalón;
sin salario ni monedas
y con toda la ilusión.
Una noche de aguacero
se topó con la pelona;
ella dijo: -Ya te espero,
y la muerte no perdona.
Don Andrés pidió una cosa:
cerrar el ciclo escolar;
la calaca, generosa,
se sentó a calificar.
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