Calaveritas literarias para maestros de 4 estrofas

Todas las calaveritas de esta página tienen exactamente cuatro estrofas de cuatro versos, que es el formato que suelen pedir en la escuela. Cada una cuenta una historia completa: el planteamiento, lo que pasa cuando aparece la huesuda y un remate con su giro. Puedes copiarlas tal cual o cambiarle el nombre del maestro por el de tu profe.

¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con el nombre y los detalles que tú quieras.

La tarea de la Catrina

En la escuela del rincón daba clase don Ramón; con su suéter remendado y su gis siempre gastado. Una tarde de neblina se sentó allí la Catrina, muy formal y muy sentada, con su libreta rayada. Don Ramón no se asustó, le pasó lista y sonrió: -Catrina, ¿trajo tarea? Pase al frente y que la lea. La huesuda, chiquitita, no traía ni una cita; la mandaron a estudiar y no ha vuelto a molestar.

El coro del maestro Salvador

El maestro Salvador les enseñaba a cantar; y sacó, con gran primor, un coro para el altar. Llegó octubre, mes de altares, y se apareció la flaca; venía por los lugares donde el canto se destaca. Salvador le dio un lugar en la fila de sopranos; la calaca fue a ensayar frotándose ya las manos. Pero al dar el primer tono se le cayó la quijada; la corrieron sin encono y el coro no perdió nada.

Doña Ofelia y la credencial

En la vieja biblioteca doña Ofelia Zacateca ordenaba con paciencia todo el fondo de la ciencia. Una noche entró la parca con su lista y con su marca; quiso un libro de misterio para el largo cautiverio. Doña Ofelia, muy tranquila, la formó en la larga fila; le pidió una credencial y una firma de aval. La calaca no tenía ni domicilio ni guía; se quedó sin el volumen y sin nadie en su resumen.

El taller de Nicanor

El maestro Nicanor enseñaba a serruchar; lijaba con gran primor lo que había de arreglar. Una tarde, entre viruta, se coló la descarnada; que venía por la ruta de la fiesta ya anunciada. Nicanor miró su pierna toda astillada y torcida; con la lija la hizo tierna y la dejó bien pulida. La huesuda, agradecida, se llevó solo un martillo; le alargó al profe la vida a cambio de un buen tornillo.

Margarita y los de primero

La maestra Margarita tenía el aula bonita; con dibujos en la puerta y la ventana ya abierta. Se metió la calavera por la puerta de madera; los niñitos la miraron y de risa se soltaron. Le pusieron un sombrero, le prestaron un plumero; la sentaron a pintar y la hicieron dibujar. Ya no quiso la calaca regresar con su matraca; se quedó en el primer grado repitiendo lo enseñado.

Don Andrés, maestro de la sierra

Allá en la sierra de Oaxaca daba clase don Andrés; con su libro y su petaca y sus botas del revés. Caminaba dos veredas para abrir el portalón; sin salario ni monedas y con toda la ilusión. Una noche de aguacero se topó con la pelona; ella dijo: -Ya te espero, y la muerte no perdona. Don Andrés pidió una cosa: cerrar el ciclo escolar; la calaca, generosa, se sentó a calificar.

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