Calaveritas literarias para Adriana
Adriana contesta a Adri y a las dos les sobra energía para el salón, para el baile y para la caja registradora. La huesuda le ha caído en la clase, en el tablado, en la fila del súper y en la papelería, y siempre acaba pagando o repitiendo el examen. Aquí van calaveritas para las Adrianas que no paran.
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Adri y su trenza
Adri llega con su trenza
y con moño de listón;
se acomoda y ya comienza
a cantar con emoción.
La calaca se formó
para el baile de la escuela;
pero nada le salió
y arrastraba hasta la suela.
Adri le enseñó los pasos
tomaditas de la mano;
y hoy la muerte, en los ocasos,
baila sola muy temprano.
Adriana, mi amiga
Tengo una amiga: Adriana.
Nos conocemos de niñas;
para mí es como mi hermana
y aguantamos nuestras riñas.
Llegó la flaca por ella
un noviembre por la noche;
yo le dije: -No es aquella,
y la flaca, sin reproche,
se sentó a tomar café
y a oír nuestras historias;
y ahí sigue, ya lo ve,
apuntando las memorias.
La maestra Adriana
Adriana da clase a todos
con paciencia y con cariño;
les explica de mil modos
hasta el más chiquito niño.
Llegó la flaca a la clase
sin saber la tabla entera;
Adriana, sin que se atrase,
la sentó en la delantera.
Le puso examen de suma
y la flaca reprobó;
hoy escribe con su pluma
las cien planas que dejó.
Adri y su zapateado
Adri baila con vestido
de listones de colores;
zapatea con sentido
y con jarabe y tambores.
Llegó la flaca al tablado
con las trenzas de papel;
Adri la sacó a su lado
y le puso un cascabel.
Bailaron el son de gusto
hasta que salió la luna;
y la muerte, sin un susto,
no se llevó alma ninguna.
Adriana en la caja
Adriana cobra en la caja
más veloz que un colibrí;
y ni un peso se le baja
de la cuenta que hay ahí.
Llegó la flaca a pagar
con puros huesos partidos;
Adri se puso a contar
y le halló dos escondidos.
La mandó a hacer otra fila
con su nota y su costal;
y la flaca, muy tranquila,
se formó al último igual.
Adri y su papelería
Adriana vende cartones,
plumas, gises y papel;
cuadernos con mil renglones
y también un buen pincel.
Llegó la flaca a comprar
su lista para la escuela;
Adri se puso a juntar
tijeras, goma y su vela.
La cuenta salió tan alta
que la flaca se espantó;
dejó el hueso que le falta
y a fiado se lo llevó.
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