Calaveritas literarias para Adriana

Adriana contesta a Adri y a las dos les sobra energía para el salón, para el baile y para la caja registradora. La huesuda le ha caído en la clase, en el tablado, en la fila del súper y en la papelería, y siempre acaba pagando o repitiendo el examen. Aquí van calaveritas para las Adrianas que no paran.

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Adri y su trenza

Adri llega con su trenza y con moño de listón; se acomoda y ya comienza a cantar con emoción. La calaca se formó para el baile de la escuela; pero nada le salió y arrastraba hasta la suela. Adri le enseñó los pasos tomaditas de la mano; y hoy la muerte, en los ocasos, baila sola muy temprano.

Adriana, mi amiga

Tengo una amiga: Adriana. Nos conocemos de niñas; para mí es como mi hermana y aguantamos nuestras riñas. Llegó la flaca por ella un noviembre por la noche; yo le dije: -No es aquella, y la flaca, sin reproche, se sentó a tomar café y a oír nuestras historias; y ahí sigue, ya lo ve, apuntando las memorias.

La maestra Adriana

Adriana da clase a todos con paciencia y con cariño; les explica de mil modos hasta el más chiquito niño. Llegó la flaca a la clase sin saber la tabla entera; Adriana, sin que se atrase, la sentó en la delantera. Le puso examen de suma y la flaca reprobó; hoy escribe con su pluma las cien planas que dejó.

Adri y su zapateado

Adri baila con vestido de listones de colores; zapatea con sentido y con jarabe y tambores. Llegó la flaca al tablado con las trenzas de papel; Adri la sacó a su lado y le puso un cascabel. Bailaron el son de gusto hasta que salió la luna; y la muerte, sin un susto, no se llevó alma ninguna.

Adriana en la caja

Adriana cobra en la caja más veloz que un colibrí; y ni un peso se le baja de la cuenta que hay ahí. Llegó la flaca a pagar con puros huesos partidos; Adri se puso a contar y le halló dos escondidos. La mandó a hacer otra fila con su nota y su costal; y la flaca, muy tranquila, se formó al último igual.

Adri y su papelería

Adriana vende cartones, plumas, gises y papel; cuadernos con mil renglones y también un buen pincel. Llegó la flaca a comprar su lista para la escuela; Adri se puso a juntar tijeras, goma y su vela. La cuenta salió tan alta que la flaca se espantó; dejó el hueso que le falta y a fiado se lo llevó.

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