Calaveritas para secretarias y asistentes

Detrás de cada oficina que camina derechito hay alguien que contesta el teléfono, acomoda la agenda y encuentra el papel que nadie halla. Estas calaveritas van dedicadas a las secretarias y asistentes que sostienen el changarro con paciencia y buen humor. La muerte llega a buscarlas, pero primero tiene que sacar cita.

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La agenda de doña Chela

Doña Chela, con su agenda, tiene todo controlado; ni la muerte se le enmienda sin permiso ya firmado. Llegó la flaca temprano y Chela la registró; le anotó cita en verano y la flaca se aguantó.

El teléfono de Male

Suena el teléfono a gritos y Male contesta amable; la calaca, con sus ritos, le marcó desde su cable. - Aquí no paso llamadas si no tiene usted su cita. Y la flaca, sin entradas, sigue en espera, solita.

El jefe desordenado

Don Ramiro, el licenciado, nunca hallaba ni un papel; todo estaba amontonado menos lo de su Isabel. Isabel, la secretaria, le ordenaba hasta la vida: su comida, su plegaria, su corbata y su salida. Se apareció la calaca buscando al desordenado; Isabel, que nada opaca, le pidió turno sellado. Le anotaron para enero y la flaca se formó; hoy espera en el fichero el papel que no salió.

Lupita lo resuelve todo

Lupita todo resuelve: el boleto y la comida; lo que se pierde, ella vuelve a poner en su medida. La muerte entró a la oficina preguntando por Julián; Lupita, muy cantarina, le dijo: - Fue por su pan. La flaca esperó sentada sin quejarse ni un ratito; Lupita, muy ocupada, le pasó su cafecito. Se fue la muerte contenta con su vaso desechable; y hasta el día de hoy comenta que Lupita es impagable.

Las copias de don Fermín

Don Fermín pidió las copias como siempre, para ayer; Rosaura, con manos propias, las tuvo antes de comer. Llegó la calaca al piso con la lista de aquel año; y Rosaura, sin permiso, la mandó al cuarto de baño. Y la flaca se hizo bolas buscando el tal don Fermín; se quedó esperando a solas con su copia y sin su fin.

Techi y los secretos

Techi guarda los secretos de la empresa y del patrón; y conoce los aprietos y no suelta ni un renglón. Vino la muerte a sacarle la verdad de aquel enredo; Techi solo supo darle un café y un - Yo no puedo. La flaca se fue enojada y hasta la fecha no ha vuelto; Techi sigue, muy calmada, con el chisme bien envuelto.

El día de la secretaria

Una vez al año hay flores y un pastel en la oficina; los demás días, señores, puro trámite y rutina. Vino la flaca al festejo y le dijo al gran patrón: - Te regalo un buen consejo: súbele el sueldo a Asunción. El patrón dijo que sí nomás por miedo a la muerte; y ella se quedó ahí con aumento y buena suerte. Se fue la flaca de fiesta con su plato de pastel; dejó una nota bien puesta diciendo: - Vuelvo por él.

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