Calaveritas para contadores

Nadie le teme tanto al calendario como quien vive del cierre de mes. Aquí la huesuda descubre que sin factura, sello y firma no se lleva a nadie. Sirven para el brindis de la oficina o para pegarlas junto al escritorio del despacho.

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Cierre de mes

Cerrando el mes de febrero andaba el contador Blas; llegó la flaca primero y le dijo: -Ya no das. Blas dijo sin voltear: -Aguántame la cartera, que primero he de cuadrar la cuenta de la frutera.

Sin comprobante no hay viaje

Vino la muerte a cobrar la vida de doña Elena; la contadora, al mirar, le pidió factura buena. La calaca no traía ni su sello ni su firma; Elena le sonreía: -Sin papel nadie confirma.

Don Aurelio y el SAT

Don Aurelio, contador, de esos de calculadora, declaraba con primor el centavo y la demora. Llegó la flaca al despacho con su guadaña en la mano; dijo: -Vengo por el gacho que me debe desde antaño. Aurelio abrió su carpeta y sacó su comprobante: -Aquí el SAT ya me sujeta, no me cobre usted, tunante. La muerte se puso a ver tanto sello y tanto anexo; se cansó de tanto ver y se fue sin más complejo.

La declaración de Chuchita

Chuchita, la contadora, llevaba cien clientes fieles; trabajaba a cualquier hora entre las cifras y papeles. Vino la flaca en abril, el mes más pesado y feo; Chuchita, con su perfil, le contestó: -No la veo. La calaca se sentó a esperar la primavera; y en la espera se durmió en su silla ratonera.

El auditor Melquiades

Melquiades, el auditor, revisaba hasta la coma; no se le iba ni un error ni el centavo que se asoma. Se le apareció la flaca con un libro de mil hojas; dijo: -Traigo mi matraca y mis cuentas medio flojas. Melquiades tomó su lupa y encontró dos mil errores; la calaca, que no ocupa tanto lío, dio temblores. -Mejor córteme la cuenta -le rogó la muy pelona-; Melquiades ni se calienta y le cobró la corona.

La nómina de la Catrina

La Catrina abrió una empresa de servicios funerarios; y en la primera sorpresa no cuadró con sus salarios. Buscó a Toño, contador, y le armó cien recibitos; Toño le quitó el temblor con sus números benditos. Desde entonces la pelona paga a tiempo su aguinaldo; y a los muertos ya les abona sus vacaciones y respaldo.

El cierre anual

Diciembre llegó al despacho con su carga de trabajo; Lupe, sin bajar el gacho, capturó todo de un tajo. Se apareció la huesuda casi al filo de las diez; y con una voz muy ruda le gritó: -Cierra ya, pues. Lupe le pidió un favor: -Ayúdame a capturar; la muerte, de buen humor, se puso a colaborar. Terminaron a las tres con la panza bien vacía; la flaca dijo: -Después, ahorita cierro el día.

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