Ejemplos de calaveritas literarias

Una calaverita literaria es un poema breve y satírico que se escribe en México para el Día de Muertos, en el que la muerte visita a una persona viva y se la lleva, siempre con humor y cariño.

El género nació en el siglo XIX, cuando la prensa popular publicaba versos burlones sobre políticos y personajes conocidos; los grabados de José Guadalupe Posada, y sobre todo su calavera elegante que después se llamó La Catrina, le dieron su rostro más famoso.

La estructura tradicional usa versos de ocho sílabas (octosílabos) agrupados en cuartetas, con rima consonante en esquema ABAB o AABB. La muerte siempre aparece como personaje con nombre propio: la Catrina, la flaca, la huesuda, la calaca o la parca.

Para escribir la tuya sigue cuatro pasos: primero elige a quién se la vas a dedicar y qué lo distingue (su oficio, una manía, una frase que repite); segundo, arma una historia mínima en la que la muerte llega, dialoga con esa persona y se la lleva; tercero, escribe las cuartetas cuidando que cada verso tenga ocho sílabas y que las rimas caigan donde decidiste; y cuarto, cierra con un remate gracioso o con una moraleja corta.

Los ejemplos siguientes son modelos de distintos tipos y largos, para que copies la estructura y cambies los nombres.

¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con el nombre y los detalles que tú quieras.

Modelo corto: Lupita en la feria

Andaba Lupita en la feria comprando su pan de muerto; la Catrina, muy ligera, le vendió un boleto abierto. Se subió sin preguntar a la carreta de hueso; hoy reparte, sin cobrar, pan de muerto y algún beso.

Modelo largo: Don Chuy y su camioneta

Don Chuy tenía una troca más vieja que su abuelito; la traía siempre en la boca: -¡Es un carro bendito! Un domingo, en la carretera, se le ponchó una llanta; salió la flaca ligera con su gato y con su manta. -Yo te ayudo, don Jesús, pero cóbrome el favor: me llevo tu autobús y también a su motor. Don Chuy dijo: -Está muy bien, pero déjame el volante, que quiero manejar también en la vida de adelante. Hoy la troca va en el cielo con la muerte de copiloto; van cantando, sin desvelo, un corrido medio roto. Y en el pueblo, cada año, le ponen flor al garaje; dicen que se oye un extraño motor que pide su viaje.

Modelo escolar: el alumno Beto

La calaca pasó lista en el salón de tercero; -¿Beto Ruiz? -Presente, artista, copiándole al compañero. -Te vienes conmigo, Beto, que el copiar es cosa fea; -Deme chance, le prometo estudiar pa la tarea. La flaca, que es muy letrada, mejor cargó el celular: -Sin tu maquinita amada, ¡a ver si vas a estudiar!

Modelo de amor: Rosa y Manuel

Se querían Rosa y Manuel desde el kínder, sin dudar; él le daba pan de miel y ella un beso al terminar. La Catrina, conmovida, no quiso separarlos: se llevó a los dos, unida, y bailó para casarlos. Hoy se quieren más que antes, en el mundo de los huesos; son dos novios elegantes que se dan eternos besos.

Modelo de trabajo: doña Meche y su fogón

Doña Meche, en su fogón, hacía las quesadillas más sabrosas del rincón, con salsita y con semillas. Llegó la flaca a comer una de flor de calabaza: -Está buena de creer, me la llevo pa' mi casa. Se llevó a la cocinera con comal y con metate; hoy le guisa a la calavera y le sirve el chocolate.

Modelo para maestros: doña Chayo

Doña Chayo, la maestra, enseñaba con cariño; hizo de su aula una fiesta para cada nuevo niño. Vino la muerte al salón con mochila y con cuaderno: -Quiero un poco de lección para el año sempiterno. Se llevó a la profesora y le dio gis de marfil; hoy enseña a toda hora en la escuela más gentil.

Modelo tradicional de pueblo

En el pueblo de San Juan levantaron los altares con su vela y con su pan y con flores a millares. Bajó la muerte del cerro con rebozo y con farol; la seguía un viejo perro y la luz de un caracol. Se sentó en la plaza a oír el rezo y la campanada; se llevó, sin discutir, al que no le puso nada. Por eso, paisano mío, pon tu vela y tu mantel; que la muerte, con su frío, todo apunta en su papel.

Modelo de la Catrina misma

Yo soy la Catrina, y llego con sombrero y con listón; no distingo, no reniego, no respeto ni un blasón. Al catrín y al campesino, al doctor y al albañil, a todos les doy camino en mi carro de marfil. Me pintaron en un grabado, me vistieron de señora; desde entonces he bailado con el pueblo a toda hora. Así que ríete de mí mientras tengas corazón; que la vida es frenesí y la muerte, una canción.

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