10 calaveritas literarias cortas
Estas son diez calaveritas literarias cortas, todas de una o dos estrofas y con rima consonante. Están escritas para leerse rápido y sacar la risa, con oficios y personajes de todos los días. Escoge la que mejor le quede a tu persona y cámbiale el nombre sin pena.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
El microbús de Chuy
Chuy manejaba el camión
sin frenar en la bajada;
subió la muerte al montón
y se bajó mareada.
Los tamales de Concha
Concha hacía los tamales
de mole, dulce y de rajas;
la calaca hizo señales
y se formó sin ventajas.
La Catrina, muy golosa,
se llevó su gran porción;
ya no vino, la mañosa,
sigue haciendo digestión.
Rubén el peluquero
Don Rubén, el peluquero,
corta el pelo a la mitad;
vino la flaca primero
por pura curiosidad.
Le pidió un corte moderno,
copete y algo de gel;
Rubén le cobró un infierno
y ella pagó con papel.
La boda de Rosita
Rosita se iba a casar
con su velo y su organdí;
la flaca, en vez de llorar,
le dijo al novio que sí.
Se llevó al pobre Joaquín
del altar al panteón;
y Rosita, sin festín,
se quedó con el jamón.
Tacho el velador
Tacho cuida el camposanto
con linterna y con bastón;
la Catrina, con su manto,
le pidió la dirección.
Tacho le prestó su lista
y un cafecito con pan;
la calaca, muy turista,
se quedó de sacristán.
Los elotes de Nacho
Nacho vende sus elotes
con mayonesa y con queso;
la flaca pidió dos botes
y se atragantó con eso.
Nacho le dio palmaditas
y el esqueleto tosió;
soltó las costillas fritas
y sin nada se marchó.
La enfermera Lupita
Lupita pone inyecciones
sin que a nadie le doliera;
la Catrina, sin razones,
se coló a la cabecera.
Lupita, sin preguntar,
le puso dos ampolletas;
la calaca, sin chistar,
se durmió entre las probetas.
Nando el poeta
Nando escribía versitos
en servilletas de bar;
la flaca leyó sus gritos
y se puso a suspirar.
-Escríbeme a mí un soneto
-dijo la calaca al son-;
Nando le rimó completo
y ella le pagó el camión.
Las novelas de Petra
Doña Petra ve novelas
desde el uno hasta el final;
llegó la muerte con velas
y le tapó el ventanal.
-Quítate, que no me dejas
ver quién es el asesino-.
La huesuda, entre las quejas,
se sentó a ver el destino.
El albañil Simón
Simón levanta paredes
con cemento y con canción;
la calaca, entre las redes,
se cayó del tabicón.
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