Calaveritas chistosas para maestros

Aquí el humor va por cuenta del examen sorpresa, la tarea que nunca termina y ese café del profe que aguanta la jornada completa. Son varias calaveritas chistosas para maestros, escritas con rima y burla cariñosa, para arrancar carcajadas sin faltarle al respeto a nadie. Perfectas para el periódico mural, el concurso de la escuela o la reunión de fin de mes en la sala de maestros.

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El examen sorpresa

El maestro Juan Carranza tenía mala costumbre: sin aviso ni esperanza soltaba examen de lumbre. Llegó la muerte a su casa con guadaña y con libreta: -Sorpresa, profe, esto pasa cuando la vida está completa. Le aplicó sesenta preguntas de las que nadie contesta; el maestro, entre difuntas, respondió: -¡Qué buena fiesta! Sacó diez y, muy contento, se fue al panteón de paseo; hoy aplica, en el momento, examen sin recreo.

El café del profe

Al maestro Genaro Ruiz lo movía la cafeína: tres tazas por cada raíz y cuatro por cada esquina. Llegó la flaca temprano a llevárselo a la mala; él le sirvió con buena mano un café de los que iguala. La huesuda tomó nueve y quedó tan animada que ya nadie se la lleve: sigue en clase, desvelada.

La tarea infinita

La maestra Chuy Medina, de tarea generosa, dejó plana vespertina y otra plana muy sabrosa. Fue la muerte por su alma un domingo por la tarde; le entregó, con mucha calma, un cuaderno que no arde. -Termina esto, calaquita, y nos vamos al panteón. Y allá sigue, tan solita, resolviendo la lección.

Cero en conducta

La muerte llegó al salón sin permiso ni recado; la maestra, con razón, le anotó reporte al lado. Se llevó a la profesora, pero firmando primero la libreta acusadora donde dice: porta cero.

La lista de asistencia

Don Refugio Barrenechea pasaba lista al entrar, y otra vez, por si se apea alguno sin avisar. Se apareció la huesuda sin justificar su falta; don Refugio, sin ayuda, la mandó a la banca alta. Ella dijo: -Ya te llevo. Él contestó: -Ya lo sé; deja firmo en el relevo y de paso, tomo café.

Aviso urgente

Se avisa a la comunidad que la clase se cambió: la maestra, en su bondad, con la flaca se marchó.

La libreta roja

La maestra Soledad tenía libreta roja donde escribe la verdad de quien tira y quien arroja. Llegó la flaca al plantel haciendo mucho alboroto; Soledad tomó el papel y anotó su nombre roto. -No me anotes, te lo pido, que ya vengo a trabajar. -Aquí nadie ha conseguido la salida sin firmar. La calaca, arrepentida, prometió portarse bien; se llevó, ya de salida, la libreta como rehén.

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