Calaveritas chistosas para maestros
Aquí el humor va por cuenta del examen sorpresa, la tarea que nunca termina y ese café del profe que aguanta la jornada completa. Son varias calaveritas chistosas para maestros, escritas con rima y burla cariñosa, para arrancar carcajadas sin faltarle al respeto a nadie. Perfectas para el periódico mural, el concurso de la escuela o la reunión de fin de mes en la sala de maestros.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
El examen sorpresa
El maestro Juan Carranza
tenía mala costumbre:
sin aviso ni esperanza
soltaba examen de lumbre.
Llegó la muerte a su casa
con guadaña y con libreta:
-Sorpresa, profe, esto pasa
cuando la vida está completa.
Le aplicó sesenta preguntas
de las que nadie contesta;
el maestro, entre difuntas,
respondió: -¡Qué buena fiesta!
Sacó diez y, muy contento,
se fue al panteón de paseo;
hoy aplica, en el momento,
examen sin recreo.
El café del profe
Al maestro Genaro Ruiz
lo movía la cafeína:
tres tazas por cada raíz
y cuatro por cada esquina.
Llegó la flaca temprano
a llevárselo a la mala;
él le sirvió con buena mano
un café de los que iguala.
La huesuda tomó nueve
y quedó tan animada
que ya nadie se la lleve:
sigue en clase, desvelada.
La tarea infinita
La maestra Chuy Medina,
de tarea generosa,
dejó plana vespertina
y otra plana muy sabrosa.
Fue la muerte por su alma
un domingo por la tarde;
le entregó, con mucha calma,
un cuaderno que no arde.
-Termina esto, calaquita,
y nos vamos al panteón.
Y allá sigue, tan solita,
resolviendo la lección.
Cero en conducta
La muerte llegó al salón
sin permiso ni recado;
la maestra, con razón,
le anotó reporte al lado.
Se llevó a la profesora,
pero firmando primero
la libreta acusadora
donde dice: porta cero.
La lista de asistencia
Don Refugio Barrenechea
pasaba lista al entrar,
y otra vez, por si se apea
alguno sin avisar.
Se apareció la huesuda
sin justificar su falta;
don Refugio, sin ayuda,
la mandó a la banca alta.
Ella dijo: -Ya te llevo.
Él contestó: -Ya lo sé;
deja firmo en el relevo
y de paso, tomo café.
Aviso urgente
Se avisa a la comunidad
que la clase se cambió:
la maestra, en su bondad,
con la flaca se marchó.
La libreta roja
La maestra Soledad
tenía libreta roja
donde escribe la verdad
de quien tira y quien arroja.
Llegó la flaca al plantel
haciendo mucho alboroto;
Soledad tomó el papel
y anotó su nombre roto.
-No me anotes, te lo pido,
que ya vengo a trabajar.
-Aquí nadie ha conseguido
la salida sin firmar.
La calaca, arrepentida,
prometió portarse bien;
se llevó, ya de salida,
la libreta como rehén.
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