Calaveritas para directores y directoras de escuela

Quien dirige una escuela sabe de citatorios, de goteras y de lunes con micrófono que no sirve. Estas calaveritas se ríen con respeto de quienes cargan la escuela entera sobre los hombros y todavía se acuerdan del nombre de cada alumno. La muerte se les aparece en la reja, pero se topa con el reglamento.

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El micrófono de los honores

El micrófono se apaga cada lunes en honores; pero el director no amaga, y sigue con sus valores. La calaca fue al festejo a llevarse al director; aguantó todo el consejo y se fue sin el honor.

El citatorio

Cuando llega el citatorio tiembla el niño y su mamá; ese cuarto es purgatorio donde todo se sabrá. Llegó la muerte citada por portarse muy grosera; salió con cara agachada y firmó su carta entera.

Doña Chelo, la directora

Doña Chelo, directora, lleva el mando de la escuela; y de todos es señora en salón, patio y cazuela. Se plantó la flaca un día en la reja principal; doña Chelo le decía: - Sin gafete, ni al portal. La muerte sacó su lista y pidió pasar a verla; Chelo, que es buena archivista, la formó para atenderla. Van tres años y la flaca sigue afuera, en la banqueta; ya se aprendió hasta la placa y el horario en su libreta.

La junta de padres

Hay junta de padres hoy en el aula principal; el director dice: - Voy, y no sale del local. Se pasaron ya tres horas en la cuota voluntaria; y las mamás, muy señoras, cada quien con su plegaria. La calaca se metió a la junta, de curiosa; a las once se durmió y roncaba como una osa. Despertó al amanecer y seguían discutiendo; se salió sin ofender y hasta la fecha va huyendo.

Don Nazario y la kermés

Don Nazario, director, tapa goteras con cinta; consigue hasta el proyector con rifas y con su pinta. Llegó la muerte a cobrar lo que el tiempo le debía; y él la puso a trabajar la kermés de mediodía. La flaca vendió tostadas y juntó para el tejado; hoy regresa, en las jornadas, de tesorera, a su lado.

Aurora y el gafete

Aurora, subdirectora, cuida el uniforme entero; y checa el pelo a toda hora y el gafete y el sombrero. Llegó la muerte a la entrada con su túnica muy raída; Aurora, muy indignada, la mandó por la salida. La calaca protestó diciendo que era la muerte; y Aurora le contestó: - Aquí eso no le da suerte. Desde entonces la calaca trae gafete y su uniforme; y Aurora, que no se aplaca, le pidió también informe.

Doña Carmen se jubila

Doña Carmen se jubila tras cuarenta años de escuela; formó a medio pueblo en fila y hasta al nieto de su abuela. Fue la muerte a despedirla con un ramo de papel; quiso al final aplaudirla y hasta le llevó un pastel. Doña Carmen le dio silla y le puso a repartir; vasos, gorros y vajilla, sin dejarla ni salir. Terminó la flaca hincada recogiendo todo el piso; y salió sin su encargada porque no le dio permiso.

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