Calaveritas literarias para ingenieros
varias calaveritas dedicadas a quienes viven entre planos, códigos, cascos y litros de café: ingenieros civiles, de sistemas, industriales y mecánicos. Cada poema está escrito en octosílabos con rima y usa el vocabulario de la profesión (bugs, tiempos muertos, obra, respaldos) para hacer una burla cariñosa. Sirven para el festejo del Día de Muertos en la oficina, en la facultad o para dedicar a un colega.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
El ingeniero civil
El ingeniero Alfredo
levantaba un gran puente;
no le tenía miedo
ni al concreto ni a la gente.
Llegó la flaca a la obra
con su casco y su chaleco:
-Su proyecto ya no cobra,
firme aquí, que ya no hay hueco.
Se llevó al ingeniero
por la rampa del final;
hoy dirige el mundo entero
de una obra celestial.
El bug eterno
Programaba don Efrén
sin dormir y sin parar;
su programa iba muy bien
hasta que hubo que probar.
Un error apareció
en la línea diez mil uno;
la Catrina se asomó:
-Yo te arreglo ese importuno.
-Tu programa ya corrió
-le dijo con dulce acento-;
tu jornada terminó,
ven, que ya llegó el momento.
Hoy Efrén, desde una nube
(la de veras, la del cielo),
sube código y más sube
sin caídas ni desvelo.
La ingeniera industrial
La ingeniera industrial
optimizaba el proceso:
cada paso, cada mal,
cada tuerca, cada peso.
Llegó la muerte al taller
con su gráfica de Pareto:
-El ochenta va a caer
y usted es del veinte, en concreto.
Se la trajo sin demora,
en un ciclo bien medido;
y hoy no hay tiempo muerto ahora
en el reino del olvido.
El mecánico de don Damián
Con su llave don Damián
componía cualquier motor;
tenía grasa hasta el gabán
y una fe de gran valor.
Se le descompuso el pecho
un domingo, de repente;
la huesuda, en el acecho,
le apagó el motor caliente.
Hoy le afina a la Catrina
su carreta de marfil,
y le pone gasolina
al cometa más gentil.
Cafeína y cálculo
Estudiaba don Ramiro
para el examen final;
diez cafés y otro suspiro,
y un cerebro en el umbral.
Apareció la Catrina
con termómetro y con té:
-Te ganó la cafeína,
ya no aguantas ni de pie.
-Déjame pasar materia
-suplicó con gran temor-.
-Ya pasaste, no es miseria:
te di diez, con mi favor.
El puente del más allá
En el cielo hay una obra
que la muerte mandó hacer:
un gran puente que se cobra
todo aquel que ha de volver.
Los civiles dieron trazo,
los eléctricos, la luz;
los de sistemas, un plumazo
de wifi de norte a sur.
Los mecánicos, motores;
las industriales, el plan;
y la muerte, entre las flores,
dijo: -Ya casi acabarán.
Pero el puente no se acaba
-como todo por acá-:
falta lana, falta traba,
y otra junta ya vendrá.
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