Calaveritas literarias para Alfonso
Alfonso, o Poncho para los cuates, es de los que no se dejan ni de la Catrina. Ella lo ha buscado en la carnicería, en el cajón del bolero, entre las macetas del jardín y hasta a media cancha, y siempre se lleva la peor parte. Aquí van calaveritas para dedicarle.
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El lonche de Alfonso
Alfonso lleva su lonche
y de postre lleva ponche;
la calaca se acercó
y el olor la mareó.
Le pidió nomás tantito,
un poquito del taquito;
Poncho le dio la mitad
con toda la voluntad.
La calaca, agradecida,
se olvidó de la salida;
hoy comparten el recreo
y el lugar en el paseo.
Don Alfonso y su radio
Don Alfonso está sentado
con su radio siempre al lado;
vino la flaca a decir
que ya es hora de partir.
Don Alfonso ni la vio,
su cafecito sirvió;
le contó de su Rosita
y de su vida bonita.
La flaca lo oyó cantar
y se puso a suspirar;
se marchó sin don Alfonso
y dejó ahí su responso.
Poncho y su carnicería
Poncho vende su carnita
con cecina y costillita;
la Catrina se formó
y un kilito le pidió.
Poncho le pesó de más
y le dijo: -Ya verás;
la Catrina, muy contenta,
se llevó toda la venta.
Al llegar a su morada
vio la carne bien pesada;
era pura calavera
y hoy la flaca es carnicera.
Poncho el bolero
Poncho bolea zapatos
en la plaza, a buenos ratos;
la Catrina se sentó
y los huesos le enseñó.
No traía ni un zapato,
nomás hueso y garabato;
Poncho le sacó brillito
al tobillo y al huesito.
Quedó como de charol
reluciendo con el sol;
y la flaca, sin cartera,
le dejó hasta la cadera.
Alfonso y su jardín
Alfonso poda el jardín
desde el pino hasta el jazmín;
la Catrina le pidió
lo que nunca devolvió.
Se cortó rosas a montones
y también unos botones;
Alfonso le dio la cuenta
y la flaca ni se sienta.
Le dejó una regadera,
un rastrillo y su tijera;
hoy la muerte poda el pasto
y le cubre todo el gasto.
Alfonso pita el partido
Alfonso pita el partido
y no admite ni un chiflido;
la Catrina se metió
y en la cancha se plantó.
Le sacó tarjeta roja
por jugar con mano floja;
la Catrina alegó fuerte
y le dijo: -Soy la muerte.
Alfonso no le hizo caso
y la echó del campo, al raso;
hoy la flaca ve de gradas
y aguanta las temporadas.
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