Calaveritas para veladores y vigilantes
La noche completa se hace larga cuando uno la cuida solo, con la linterna y el termo por compañía. Aquí la huesuda quiere pasar sin credencial y se topa con quien lleva años sin dormirse en la ronda. Van para los que velan mientras todos descansan.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
La caseta de don Nico
Don Nico cuidó el portón
con linterna y con paciencia;
la flaca pidió el bastón
y él le pidió credencial de residencia.
El termo
Traía Beto en la caseta
un termo de café negro;
lo cuidaba con receta
como si fuera un buen suegro.
La calaca le dio un trago
y se puso muy despierta;
lleva tres noches de pago
sin dormirse en esa puerta.
La ronda de las tres
A las tres hace la ronda
el señor Prudencio Islas;
revisando reja honda
y las bodegas y sus pilas.
Se le puso enfrente el hueso
con su capa y su guadaña;
y le dijo, muy travieso:
-Vengo a hacerte una hazaña.
Prudencio alumbró su cara
con la lámpara en la mano;
-Sin gafete no se para
ni el patrón, mi buen hermano.
La huesuda se formó
como cualquier visitante;
y esperando amaneció
en la silla del pasante.
La bitácora
Anotaba doña Tere
cada entrada y cada salida;
nada pasa, nada muere
sin que quede bien escrita.
Llegó la muerte a las diez
sin placas y sin permiso;
quiso entrar por esa vez
al almacén, muy sumiso.
Tere le pidió la firma,
el motivo y el destino;
la calaca no confirma
y no supo dar el tino.
Se fue seca y sin llevar
ni un tornillo del taller;
que no es fácil engañar
a quien sabe bien leer.
La noche larga
Se hace larga la velada
cuando todo está en silencio;
y la fábrica callada
nomás suena en su comercio.
Don Alfonso oyó unos pasos
allá cerca del taller;
fue midiendo los retazos
de la sombra por caer.
Era la flaca, aburrida,
que buscaba con quién hablar;
se quedaron de por vida
platicando hasta aclarar.
Cuando el sol pintó la barda
se despidió con un guiño:
-Vuelvo el jueves, no me tarda,
tráete pan, aunque sea un tiño.
El perro del velador
Tiene Chuy en la garita
un perrito muy ladrón;
se llama Cuco y palpita
como un fiel guardián de acción.
La pelona entró despacio
sin hacer ningún rechino;
pero Cuco, en el espacio,
le olfateó todo el camino.
Ladró tanto y tan seguido
que la muerte se espantó;
se trepó a un tinaco herido
y hasta el alba se quedó.
Hoy le trae croqueta buena
y le rasca la cabeza;
y le dice: -Qué faena,
tú sí tienes fortaleza.
Cambio de turno
A las siete de mañana
llega el relevo silbando;
y se abre la ventana
con el sol ya calentando.
Don Feliciano entregó
las llaves y la libreta;
la calaca preguntó
si le daban la chambeta.
Le dijeron: -Está pesada,
son doce horas de a de veras.
Y la flaca, acobardada,
se escurrió por las escaleras.
Desde entonces sale poco
cuando el turno es de la noche;
dice: -Yo con eso apoco,
mejor duermo en mi camoche.
💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora
más calaveritas literarias.