Calaveritas para repartidores

Cruzar la ciudad con el paquete bien amarrado, aguantar el aguacero y llegar antes de que se enfríe el pedido. Aquí la huesuda se sube a la moto creyendo que reparte fácil y termina perdida en un fraccionamiento sin números. Van para quienes viven en la calle con el casco puesto.

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La moto de Beto

Corría Beto en su motito con el pedido bien frío; la flaca le hizo un gritito y él se metió al desvío.

Cinco estrellas

La calaca pidió cena y esperó junto al portón; llegó Rosa, muy serena, con la sopa y el limón. Le puso cinco estrellas y un mensaje de favor: -Ya no vengas con querellas, ven mejor de repartidor.

El aguacero de Ismael

Se soltó el agua en la tarde y el semáforo en su rojo; Ismael, que no es cobarde, se limpiaba con el flojo. Apareció la pelona bajo el puente, sin abrigo; le dijo: -Vengo en tu zona a llevarte, buen amigo. Él le dio su impermeable y le prestó el asiento; la huesuda, muy amable, se subió sin miramiento. Dio dos vueltas al mercado empapada hasta los huesos; y bajó diciendo: -He errado, mejor sigo con los rezos.

El domicilio sin número

Traía Lupita un paquete para el once de Bugambilias; no hallaba ni el machete ni las casas de dos filas. La muerte llegó de guía con su lámpara de hueso; y juraba que sabía dónde estaba todo eso. Dieron vueltas la manzana como cuatro o cinco veces; la calaca, ya sin gana, se sentó a contar sus meses. Y Lupita, con su maña, preguntó en una tiendita; entregó, cobró la hazaña y dejó a la flaca a pie, solita.

La app de la Catrina

Se bajó la aplicación la Catrina en su teléfono; para hacer recolección de la gente y de su sueño. Le cayó pedido doble hasta el cerro más lejano; subió el cerro, pobre y noble, con el casco en una mano. Cuando quiso reclamar se cayó la conexión; se tuvo que regresar sin propina y sin razón. Desde entonces la huesuda ya no acepta ni un viajecito; dice que la gente ruda son los del cascotito.

La propina de don Chava

Don Chava, veterano de la moto y el mandado, repartía cada verano con el mapa memorizado. Llegó la muerte a su ruta con la lista de la esquina; y le dijo: -Ven, disfruta, te convido a mi cantina. Don Chava le dio el cambio y un billete de propina; la flaca, en ese intercambio, se quedó de su vecina. Hoy le cuida la casaca y le calienta el café; dicen que hasta la calaca se enterneció, no sé de qué.

Fin de turno

Ya se apagan los motores allá por la medianoche; se despiden repartidores como quien deja su coche. La huesuda hizo la cuenta de los viajes de la banda; se asustó con la tormenta de kilómetros que anda. -Yo camino todo el año -les confesó con respeto-, pero ustedes, sin engaño, me ganaron el trayecto. Colgó el casco en el perchero y se fue por su tortilla; dijo: -Vuelvo el mes entero, pero ya como cuadrilla.

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