Calaveritas para amigos de la escuela

El recreo, la tiendita, los trabajos en equipo y el compañero que siempre presta la goma: de ahí salen las mejores calaveritas para amigos de la escuela. Estas siete están escritas con lenguaje sencillo y humor sano, aptas para leerse frente al grupo o para el concurso escolar de Día de Muertos. Solo cambia los nombres por los de tus compañeros y quedará como hecha a la medida.

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Los del salón tercero B

En el salón tercero B se juntaban a estudiar Karla, Emilio, Ana y Noé, y otro más que no hay que hallar. Llegó la flaca en el recreo con su torta y su limón; se formó, según yo creo, a comprar en el rincón. Los amigos la invitaron a jugar al avioncito; tanto y tanto la cansaron que se fue sin el boletito. Y aunque un día se los lleve, la amistad no se remueve; lo que unió a aquel salón no lo apaga ni el panteón.

El recreo eterno

Sonó el timbre del recreo y salieron a correr Paco, Lalo, Chuy y Teo, con un hambre de comer. La calaca en la tiendita se formó por su pambazo; como no traía monedita, Paco le prestó un abrazo. Tanto quiso a esos chamacos que dejó su comisión; hoy los cuida, entre los flacos, del recreo hasta el camión.

Trabajo en equipo

Nos tocó en el mismo equipo con la muerte de invitada; ella dijo: -Yo participo, pero no hago casi nada. Hicimos toda la plana, la maqueta y el cartel; la calaca, muy campana, puso el nombre y el papel.

La que presta la goma

Mariana Escalante Rosas presta goma y sacapuntas, lápiz, regla y otras cosas a las manos más difuntas. Se acercó la calavera a pedirle un borrador; Mariana, como cualquiera, se lo dio con mucho amor. Se llevó goma y bondad la huesuda agradecida, y le dejó, de verdad, muchos años más de vida.

El de hasta atrás

Hasta atrás, junto a la puerta, se sentaba Baldomero, con la vista bien despierta por si viene el portero. Nunca alzaba mucho el brazo, ni salía en la ovación, pero daba un buen abrazo cuando había una aflicción. Fue la flaca por su alma con guadaña y con papel; él le dijo, con la calma de quien nunca fue cruel: -Llévame, pero de a poco, que hasta atrás quiero viajar. Y hoy comparte, medio loco, con la muerte su lugar.

Timbre de salida

Sonó el timbre de salida y la flaca se asomó: -Traigo lista de partida, pero nadie contestó.

La banda de la mochila

Nos juntábamos a diario bajo el árbol del jardín: Ana, Cirilo y Rosario, Juan Manuel y Serafín. Llegó la muerte a la sombra a sentarse a platicar; se quedó, como se nombra, de la banda titular. Ahora somos seis en fila y ella carga la mochila; si nos lleva de a poquitos, que nos lleve bien juntitos.

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